domingo, 23 de marzo de 2014

“La belleza no esta en el objeto, esta viene del sentimiento” Hume.

Lo bello nos gusta porque es una forma de felicidad instantánea. Como una magia que llega por sorpresa y nos conquista así, como de repente. La felicidad por su lado es en sí un sentimiento que se describe tanto en el ser como en el estar, siendo desde mi perspectiva mas certera la segunda que la primera, porque ser feliz nos compromete como persona y estar feliz viene de pasadita, así como nos pasa la vida, y si sumas los estar y logras hacerlos continuos, puede que llegues al ser. Los sentimientos no andan allá afuera, paseándose como si nada y viendo a quien se le meten, no, ellos no están ni en la luz, ni en la noche, ni en el beso, ni en las palabras, ni en el pastel, ni en el ladrido de un perro (el perro  ladra por su sentimiento, pero es de el, no nuestro) ellos, los sentimientos, solo están así, esperando que les lleguen sensaciones, historias e imágenes para despertar y dar vuelcos de un lado para el otro dentro de nosotros empujándonos la sonrisa,  sacándonos la cartera o envalentonándonos para decir cosas así como un “te quiero”. Belleza y sentimiento están ligados de la misma manera que lo están el sentimiento y la acción. Es como una reacción en cadena de acción, sentimiento y belleza.

Discutir sobre belleza es como discutir de política o de religión, y esto es derivado de que la belleza, como las otras dos va extremadamente ligada con la creencia. La creencia nos constituye, somos lo que creemos y es por esa razón que normalmente creemos que algo es bello, dejando una reserva para la equivocación. Una manera de catalogar nuestras creencias y ponerlas así como menú para que la gente nos conozca esta en el gusto, el cual le resta lo subjetivo a la creencia poniendo lo que nos apetece o no en un check-list inamovible de rechazos y aceptaciones. La razón por la que creemos es porque creemos que las creencias nos traen beneficios. La religión me paga con una entrada al cielo, la política con poder y pertenencia y la belleza, pues como lo vengo diciendo, con sentimientos.

Dentro de nuestras creencias, creemos que cambiar de creencia es indebido y yo creo que es porque al constituirnos en la creencia definimos nuestro ser de acuerdo a lo que nos gusta y lo que no. Con el gusto, conectamos con las personas y podemos catalogarlas, sin embargo, ¿a quién no le sucedió alguna vez que al saber que le gustabas a alguien inmediatamente lo empezabas a ver mas bonito y mas buena onda? Y eso incluso cuando te caía mal.


Resulta que el gusto esta influenciado por el beneficio y ese beneficio se construye ya sea con historias, ahorros, compromisos, promesas, comparaciones e imágenes y nuestra susceptibilidad al cambio es una estricta relación con este beneficio. Decido cambiar de gusto cuando entiendo, obtengo, recibo, accedo, coincido, conecto o pertenezco y esto es lo mas importante de entender. Somos seres transformables que no estamos sujetos a ninguna regla ni a ninguna norma. Fernando Martín Juez nos dice que “somos sujetos viviendo con objetos” y que el objeto viene de objetivo y el sujeto esta prendido del objeto. Ahora es tiempo que nosotros seamos mas objeto que sujeto y los objetos mas sujeto a nuestro objetivo. Cuando alguien, ya sea cliente o consumidor te diga, “no me gusta tu diseño”, antes de enojarte piensa ¿esta mi diseño realmente beneficiando a esta persona? ¿estoy contribuyendo a los objetivos de este sujeto? Diseñar hoy, va mucho mas allá del objeto. En la actualidad, la belleza es un fenómeno complejo cuya característica va mas allá de la forma. Desde el inicio del proceso de diseño iniciamos las relaciones y las conexiones que derivarán en la belleza, siendo esta un asunto mas poético que estético. Algo bello es algo que beneficia y este beneficio puede tener tantas formas como inquietudes existen en el corazón humano.