domingo, 8 de enero de 2012

"Hay que atender al fenómeno y no a la apariencia" Heidegger

"Apariencia" es de esas palabras de las cuales uno desconfía porque es algo aparente y superficial y no en vano las abuelitas siempre nos lo dicen en forma de consejo sabio; "mi hijito, no te fies de las apariencias" o "recuerda hijo que las apariencias engañan". Apariencia se relaciona con maquillaje y ambas son cosas pensadas para impresionar, verse mejor o quedar bien, o sea que pareciera ser que siempre hay un poco de mentira o engaño pues es un esfuerzo intencional para modificar una realidad que espanta. Mi problema específico con el tema es que en toda mi experiencia profesional, que es ya de mas de veinte años, me he encontrado con que las demás profesiones tienen la percepción del diseño como una estricta definición de "la apariencia" y en esto yo no estoy de acuerdo y es por eso que mantengo una campaña constante contra dicha definición pues cómo lo dicen también las abuelitas; "aunque la mona se vista de seda, mona es queda" y eso de ser responsables solo de vestir a la mona y no de educarla, meterla al gimnasio, darle nombre y apellido pues simplemente no está bien. La apariencia es un concepto de superficialidad mientras que el diseño es un concepto de integridad y no es lo mismo estar a cargo de la apariencia de un producto que estar a cargo de "su diseño" el cual compromete aspectos de función, usabilidad, ingeniería, manufactura, sustentabilidad, calidad y por supuesto belleza y como decía Buckmisterfuller o "Bucky", el afamado ingeniero inventor de la carpa geodesica y muchas cosas mas; "si cuando termino un proyecto, éste en su naturaleza no es bello, sé que seguramente algo anda mal"
Cuando he participado en estudios que pretenden determinar las preferencias de los consumidores sobre los productos, he entrado en discusiones con los organizadores sobre la pregunta de "¿qué tanto le importa al consumidor la estética del producto?" haciendo la referencia de "estética" con "diseño" y por supuesto los resultados frecuentemente son que al usuario le importa mas la seguridad, la duración o el desempeño que "el diseño", y es que preguntar eso es cómo preguntar a una mujer si prefiere maquillarse en lugar de dormir, alimentarse, trabajar, atender a su familia o tener casa propia. Mi propuesta es mas bien preguntar que tanto le importa "el diseño" sobre los otros factores y preguntar eso es similar a preguntar si es importante "sentirse bien" o "ser feliz" contra dormir, comer, trabajar, atender a la familia o tener casa propia pues en lo primero está implícito lo segundo, de hecho las preguntas para ponderar los factores podrían ser inútiles pues un buen diseño es el que cumple con todo lo que el usuario espera y mas, y eso es buen precio, buen desempeño y una excelente estética. Todo acorde o ligeramente superior a la naturaleza del mismo producto y a las expectativas del consumidor. Se puede decir que con la apariencia así solita, el usuario no se involucra, solo la vive y la experimenta desde afuera, mientras que con del diseño espera un compromiso para que forme parte importante de su vida, sediéndole parte de sus responsabilidades. El buen diseño no hace sentir bien cómo la apariencia sino que contribuye a ser feliz, y no es que quiera yo sonar cursi, solo basta recordar las tapitas de los tetra pack, lo lógica del Blackberry, las bolsas "abre fácil" de Kelloggs, las botellas de catsup, los sacapuntas manuales, los gatos de los coches, los garrafones de agua y el SAP, para entender lo que digo y si no conoces que el SAP , no sabes lo afortunado que eres.

Al paralelo de mi cruzada por "hacer diseño, no es hacer apariencia" y como el principal argumento de la misma, he promovido al diseñador como un "pensador" de soluciones prácticas, eficientes y diferentes y por ende un cuestionador de las formas y modelos mentales para resolver los problemas y es aqui donde la fenomenología de Heidegger me cuadra padre pues proclama que los fenómenos de "el Mundo" hay que verlos "con una mirada nueva liberada de cualquier teoría aprendida anteriormente asi como de prejuicios e ideologías que la determinarán en su mirar". Este concepto, que me resulta mas potente y auténtico que lo proclamado por IDEO en la última década me gusta porque contiene la distinción que titula el post y que habla de que detrás de cada apariencia existen uno o varios fenomenos y es en nuestra atención a éstos, con una mirada nueva, que podremos resolver de manera diferente los problemas inclusive cuando aparentemente solo estemos redefiniendo la apariencia. Con esto quiero decir que no se trata de diseñar sillas sino formas de descansar, comer, trabajar, estudiar, esperar, gobernar o hacer del baño segun sea el caso y pensando tanto en lo que quiere el usuario como en la seguridad, el transporte, la factibilidad de manufactura, la viabilidad comercial y la competencia, que son los fenómenos conectados a nuestros clientes y/o colegas del trabajo quienes usualmente tienen de nosotros el juicio que pretende erradicar mi cruzada y, porque no decirlo, sufren de nuestro énfasis en el mismo que si bien digo no es lo único que hacemos, sí resulta de suma importancia por ser, cómo lo dice Schopenhauer la carta de presentación. Aparentemente la apariencia la resuelve el diseñador mientras que "el buen diseño" se hace con todo un equipo y el reto es cuestionar al mismo para llegar al fenomeno y desde ahi atender todo lo aparentemente aparente para perfeccionarlo. Todo esto con el fin de diseñar un producto excelente que contribuya con la felicidad de las personas en vez de hacer "una mona vestida de seda".

sábado, 17 de diciembre de 2011

Para lo que mas nos significa, el lenguaje de la palabra nos resulta insuficiente. Heidegger.

Este post lo presumo corto porque su naturaleza así lo pide. El lenguaje de lo inefable le llama Heidegger a todo aquello que para su descripción o explicación el uso de la palabra siempre queda corto. El concepto es tan complejo de describir por este medio que su mera dificultad para explicarlo aquí, lo clarifica. El amor por ejemplo, puede tener diferente significado de acuerdo a la circunstancia que se viva y a la intención de la conciencia que lo reclama, siendo este al igual belleza, que ética, que celos, que alma, que ambición, que espiritualidad, que erotismo. En diseño pasa lo mismo aunque éste no se queda en lo abstracto como el amor. El diseño es un proceso que va moviendo a su misma definición de lo abstracto a lo concreto y de esto he hablado mucho en este blog. Pero de lo que no he hablado es precisamente de eso que hace al diseño tan peculiar con respecto a las otras disciplinas y eso es, la aportación de la persona que lo diseña y con esto quiero decir que no hay una sola solución para un problema sino el número de soluciones como de diseñadores haya. Y esta parte que lo hace tan peculiar, es inefable, porque está en cada quien. Con esto digo que, si bien he puesto aquí cosas para mí de mucha importancia, lo que en el diseño verdaderamente importa, es todo aquello que quedo fuera de este blog precisamente por que no lo puedo definir.

domingo, 27 de noviembre de 2011

La trascendencia se nos presenta como un salto al vacío donde el camino del poder y por ende de la creación es el camino del riesgo, de la vida como apuesta. Nietzsche

En las pasadas semanas he tenido la fortuna de haber podido hablar frente a muchas personas en tres eventos diferentes. El primero, una plática sobre creatividad e innovación a diversas disciplinas, el segundo el decimo aniversario de lo que fue “mi” escuela de diseño y el tercero en la Ciudad de Guadalajara el pasado 25 de noviembre a diseñadores que temen tener un titulo de ingeniería en vez de la acostumbrada licenciatura. Hace ya varios años que entendí que pararse a hablar de lo que uno hace no deja tanto como cuando uno se enfoca en transmitir conocimiento para tratar de motivar a la audiencia considerando su peculiar circunstancia y por eso siempre que hablo en público trato de entender el contexto de la gente que me escuchará para poder decir cosas que hagan sentido. Es como escucharles primero para promover su escucha y debo de decir que hablar del “salto al vacío” es un tema que motiva a cualquier audiencia no solo porque abre perspectivas de ambición y “poder hacer” sino porque les hace recordar que cuando lo han hecho ha sido muy divertido. Con esta frase Nietzsche no descubre algo sino que hace evidente lo que es evidente pero que por alguna razón se nos ha olvidado. La llegada al mundo es un salto al vacío y el inicio de nuestro trascender y el shock debe de ser tan impresionante que lo primero que hacemos al llegar es llorar y si no lloramos, nos dan una nalgada para que quede clara nuestra nueva realidad. Saltamos de la nada a la nada para pasar cada día con la creencia de que hay algo y varias décadas después, si somos afortunados, terminamos la vida volviéndonos nada. Dormir es también pegar un salto al vacío y es como comenta Pablo Fernandez, entregarnos a la humanidad durante un tiempo en el que “dejamos de encargarnos del mundo”. Cada exhalación saltamos con la esperanza de que la aspiración vuelva y nos hemos inventado que amar es el salto que garantiza la existencia humana. Saltar al vacío significa entrarle de lleno a la incertidumbre tratando de convencer a la conciencia de que hay un destino aunque no lo haya, pero la mente no se deja engañar como la conciencia y es mucho más fácil engañar a la mente haciéndole creer que no hay vacío y que la vida es un caminar hacia lo seguro y lo controlado. Para lograr esto hemos ido estructurando nuestra vida alrededor de descubrimientos e inventos como, las llaves, las ondas de radio, los focos de los semáforos, las pilas, los barandales, los grifos de agua, las puertas, las llantas de refacción y el gas entubado en un primer nivel y las actas y los notarios, las escuelas y sus títulos profesionales, los seguros,  los contratos de trabajo y las criptas en un segundo nivel. Todo eso al encender, prender, cerrar, reponer, detener, declarar, recordar, proteger, garantizar o avalar, nos está haciendo creer que sabemos lo que va a pasar, y lo creemos porque en efecto sí pasa, y es lo mágico del asunto, y pasa porque esta estudiado, repetido y probado, pero sobre todo porque todos en nuestra tribu lo creemos hasta que alguien, empezando por la naturaleza, rompe la armonía al romper un tubo, violar una chapa, tronar un cable, pasarse un alto, no pagar el boleto, reprobar un examen o no comprar llantas, viniendo entonces lo que llamamos accidentes o cosas inesperadas que nos hacen decir… “ay güey, que frágiles somos”. El conocimiento es también un conjunto de invenciones que nos dan la misma sensación de certidumbre que los objetos y los documentos antes mencionados. De hecho todos esos viene del conocimiento y es gracias a la repetición de esos modelos de conocimiento, de los que Descartes tiene mucha responsabilidad, que podemos sentir el control del futuro. De hecho, uno va a la escuela para aprender como repetir los modelos y así evitar decir el “ay gúey”, o en su defecto, concentrar en ese espacio  la mayor cantidad de fallas y penalizarlas muy bien para que uno “aprenda”. La cosa es que todo el mundo anda pensando que sabe que forma tiene el futuro y cuando ven un poco de riesgo se ponen nerviosos y tratan de evadirse. Sir Ken Robinson dice que “los seres humanos nos pasamos proyectando el pasado en el futuro” y eso se ve en la mayoría de las profesiones quienes replican los modelos del pasado para garantizar el futuro y podría decirse que en el diseño no es así. Si bien el proceso se replica, lo que se busca siempre es un futuro diferente y eso da mucho miedo. Lo que tiene el diseño y su proceso y que muchas veces no explicamos a los clientes es que al igual que el arte y la ciencia, se vale equivocarse e inclusive, se busca equivocarse lo más pronto posible y que es este proceso de equivocación o como se dice más elegante, de validación la que nos hace creer que sabemos la forma del futuro. Como diseñadores no podemos dar certidumbre al futuro y eso debemos de tenerlo muy claro, porque si no, estaríamos igual que los candados o los seguros médicos. Lo que si podemos hacer es acelerar los errores en espacios libres de penalización para encontrar pronto la solución correcta. Con esto se puede hacer entender a las demás disciplinas que si bien la incertidumbre angustia, no todo lo incierto es verdaderamente peligroso.

domingo, 20 de noviembre de 2011

La estructura básica de la frustración es la colisión de un deseo contra una realidad inquebrantable. Seneca

Seneca es muy claro en esta frase y aparentemente no se necesita mucha reflexión para entenderla, lo cual considero que es una especie de trampa pues si no le piensas y te quedas solo con la interpretación así de por encimita, en primera Seneca no sería filosofo y en segunda resultaría que la frase nos limitaría en lugar de expandir nuestras posibilidades. Por esta razón y para entrar más profundo en este blog dando un giro que nos permita ser más ambiciosos (en el sentido positivo de la palabra) en lugar de quedarnos resignados ante nuestra realidad, quisiera citar a otro filósofo (Wittgenstein) que dijo; “Lo que es pensable es posible”, lo que quiere decir que uno visualiza futuros que aunque parecieran ser realidades imposibles, siempre tienen algo de posible y es por eso que llegan a la mente dentro de un estuche de posibilidad que tiene forma de fantasía, sueño, deseo o visión, dependiendo si anda uno de romántico, cachondo o emprendedor. Por ejemplo no voy andar deseando viajar a otra galaxia o partir al mundo en dos,  como podría estar pensando en dar la vuelta al mundo o ganar un concurso o querer poner un restaurant en Playa del Carmen con Penélope Cruz, pues al contrario de los primeros, los segundos son en mayor o menor medida factibles hasta cierto punto y pueden ser catalogados como fantasías, sueños, deseos o visiones. Entonces a lo que me refiero es que las realidades inquebrantables de las que habla Seneca en realidad siempre tienen algo de real pero hay factores que las impiden y eso es lo que las vuelve inquebrantables. Entonces si sabemos que el deseo en cierto punto es posible, es importante entender la naturaleza esos factores que hacen a la realidad inquebrantable y para esto quiero entrar en una distinción que aprendí en el libro de “La ontología del lenguaje” de Rafael Echeverría, a quien he citado en varias ocasiones y que habla de “los modos del habla” que, aunque son varios, yo me centraré en dos que considero importantes. Según el mismo Wittgenstein, nuestras realidades se pueden describir con palabras pero también se pueden construir con las mismas. Rafael Echeverría dice que el primer modo del habla es cuando la palabra es constituida por el mundo y eso me determina una realidad. O sea que la palabra describe una circunstancia que es un hecho y con esto decimos que es el mundo el que construye a la palabra y se le llama “Afirmación”. Por ejemplo la descripción de que sea de día o de noche, que tengamos cierta edad o que seamos hombres o mujeres son hechos de facto que describen nuestra realidad y circunstancia. La segunda forma del habla, es cuando la palabra construye al mundo y esta viene de personas que tienen cierta autoridad en nuestra realidad y que con sus palabras construyen o destruyen nuestras posibilidades. Por ejemplo si un día mi jefe dice “estas despedido”, estas dos simples palabras cambiarán mi vida. Hay muchas declaraciones que nos abren y cierran caminos, siendo las más simples el “Si” o el “No”. Las declaraciones son interesantes porque permiten modificar realidades. Por ejemplo pasar de “estar soltero” a “estar casado” o de estar “libre” a estar “preso” viene tan solo de un “acepto” o de un “culpable” y si quisiéramos regresar necesitaríamos que ciertas autoridades declararan “Se acabo” o “eres libre”. Regresando a Seneca, si entendemos que mi deseo es posible porque es pensable y que la “inquebrantabilidad” de la realidad puede ser detectada y modificada dependiendo si ésta se deriva de una afirmación o una declaración, ya tenemos la frase en cuestión mucho mas desmenuzada como para poder movernos a la ambición en vez de quedarnos en la resignación y con esto quiero decir que las realidades inquebrantables sí pueden quebrarse en algún punto y la frustración podría ser entonces superada.
Para ejemplificar y entrar en nuestro tema quiero tomar la realidad del diseño industrial en México, la cual en mis 20 años de diseño ha ido evolucionando, pero si preguntamos a cualquier diseñador, es un hecho que tenemos aún mucho por hacer.  Aunque el tema del diseño se ha ido esparciendo por el mundo latinoamericano, americano, asiático y hasta africano, poco ha faltado para que Europa o Italia en específico pelearan por hacer de él una especie de “denominación de origen”. Basta ponerle a cualquier objeto el atributo de “diseño italiano” para que adquiera otra dimensión y con esto basta decir la reacción de cualquier empresario cuando uno le dice “estudié diseño en Italia”. No quiero entrar en detalle si eso está bien o mal ni mucho menos desmeritar la educación del diseño en México (de la cual fui varios años protagonista) pero hablar de diseño en México a veces lo siento como si un japonés llegara a decirme que es un Mariachi profesional y repito, no es con intención de hacernos menos, solo quiero enfatizar una cuestión de historia y cultura en la que declarar “diseño italiano” o “diseño europeo” pareciera tener mucho más peso que decir “diseño mexicano”. Y podría decir que es culpa de los empresarios aceptar esas declaraciones como validas, pero la verdad es que somos nosotros los diseñadores los primeros en aceptarlas y dejarnos llevar por ellas. Así como hace 500 años los españoles nos conquistaban con espejitos, siento que actualmente nos siguen vendiendo el ideal del diseño con el mismo brillo y los espejitos ahora son grandes eventos como el “100% Design” de Londres o el “Salone Satellite” de la Feria del Mueble de Milán, que no digo que no sean extraordinarios, pero que si se toman como un “Benchmark” resulta bastante ambicioso y peligroso cuando se toma como sistema para replicar aquí. Si hago la suposición que muchos diseñadores soñamos o hemos soñado en poder pertenecer a esos sistemas, puedo suponer también que los sueños pueden ser de dos tipos; el primero, poder vivir allá y formar parte de ese circo y el segundo, poder vivir y ejercer aquí con un circo parecido. El ejemplo primero, podría ser más sencillo pues consiste en encontrar la forma de mover el cuerpecito para Europa y ahí ponerse a romper juicios y declaraciones para poder pertenecer al circo y tal vez la realidad a quebrantar sea ser Mexicano, o no tener los contactos suficientes, o el dinero o el talento, pero en general es posible y he de decir que conozco varios ejemplos de diseñadores que lo han intentado, unos con éxito total, otros con más éxito declarado que real (o sea más ruido que nueces) y otros que han regresado sin haber podido quebrantar su realidad o se han desilusionado de los espejitos cuando los tuvieron en la mano y es por eso que ahora están en México quebrantando otras realidades. El segundo ejemplo, que consiste en las ganas de poder replicar los modelos de exposición y manejo del diseño europeo en México lo encontramos en varios lanzamientos de productos y en la organización de eventos y exposiciones que emulan los modelos europeos pero a escala. De este tipo afortunadamente tenemos cada vez más y su éxito es muy bueno si consideramos la perspectiva de la forma pero no tan buenos si consideramos la perspectiva del fondo pues difícilmente cumplen con las expectativas o estándares económicos con las que cuentan dichos eventos en Europa. Nuestra realidad inquebrantable mexicana tiene hoy muchas afirmaciones que analizar, la más importante (dejando política, educación y seguridad afuera) el hecho de que solo el 2% de la población gana más de 50,000 pesos, y el 50% de la población gana menos 10,000, habiendo cerca de un 20% que vive con menos de $3000 pesos mensuales. Podría también sacar un cálculo de cuantas personas de ese 2% o ese 50% tiene una cultura de diseño o cuantas patentes generamos al año o que tan competentes somos en nuevas tecnologías o que tanto ven las empresas al diseño como una posibilidad mejor que la maquila y así para seguir haciendo la realidad todavía más inquebrantable pero no es la intención de este post ni la solución del problema. Nuestra colisión con la realidad no está en estos números sino en el “Benchmark” o el parámetro de comparación que estamos tomando y que nos ha llevado a hacer un mundo de diseño aislado donde los concursos de diseño solo los vemos los diseñadores y a las exposiciones solo invitamos diseñadores con productos que publican revistas de diseño y que también las compramos los diseñadores para ver que salimos en ellas y saber que nos vieron los demás diseñadores aunque no hayamos vendido uno solo de esos productos o peor, lo vendamos sin ganar nada. Quiero dejar el post hasta aquí para no caer en la trampa de dar soluciones aparentemente obvias a los problemas o ponerme a hacer crítica de lo existente y quiero aclarar que si llego a criticar algo es porque lo he hecho, vivido y creído, lo que viene a ser entonces una crítica a mí mismo. En México estamos haciendo un buen trabajo para quebrantar realidades, pero estoy seguro que si analizamos las afirmaciones de una manera que podamos sacar provecho de ellas, tomamos los parámetros más como informativos que como referentes e involucramos a las personas que tienen autoridad a nuestro alrededor para concebir estrategias más adecuadas que nos permitan modificar nuestras circunstancia, más pronto que temprano estaremos viendo mas diseñadores postrados en la ambición de tener un país mejor y menos frustrados por no lograr emular y lograr obtener fruto de modelos que no tienen referencia con nuestra realidad.

domingo, 13 de noviembre de 2011

El movimiento del pensamiento se genera por contradicciones, nos hace avanzar lo que nos desmiente. Por ende, todo avance se produce mediante el conflicto. Hegel

Llevo una par de semanas atorado con este post y el problema es que esta frase me gusta porque es la base de muchas cosas como el aprendizaje, el trabajo y en si la evolución del pensamiento como así lo comenta Hegel y al servir para tanto, pues no se qué cosa es específicamente la que quiero comunicar. En principio podría hablar de la contradicción y el conflicto, que de entrada son palabras de esas que uno no quiere pues ambas son familiares de los problemas y los problemas tampoco son de nuestras cosas preferidas y precisamente lo que dice la frase es que es gracias a esto que avanzamos aunque lo estemos sufriendo y si estuviéramos consientes que para avanzar hay que sufrir, pues igual y con suerte lo sufriríamos menos y no estaríamos con la expectativa eterna de querer la estabilidad en la vida.
También podría hacer referencia al tema del Diseño el cual lo relaciono con el hecho de que normalmente terminamos una propuesta partiendo de la base que lo que hicimos “está bien” y no que “podría estar mal” y esta diferencia es la que puede hacer que el “desmentir” o sea el que veamos que si “tiene problemas” se sufra en vez de agradecerse. Con esto quiero decir que si en vez de pararnos frente al profesor o al cliente a hablar maravillas de nuestro diseño tratando de ocultar su defecto nos paráramos a hablar de lo que el mismo diseño o prototipo nos hace ver como problemas o a escuchar los que otros ven como problemas así calladitos y no tratando de argumentar cada cosa que nos dicen sabiendo que gracias a eso que no estábamos viendo tendremos un producto mejor desarrollado (que es para lo que debe de servir un modelo o un prototipo cuando se presenta y no solo para presumirlo) ganaríamos mucha más confianza con los clientes y repito, sufriríamos menos.
Otra posibilidad sería ponerme a desmentir nuestra profesión diciendo que no, no somos esa maravilla que nos han hecho creer que somos el Sr. Tim Brown y su “design thinking” ni que todos los CEO quieren a un diseñador a su lado solo porque así nos lo dice Tom Peters en su libro Re-Imagina ya que estar junto esos señores no es una cuestión de creatividad sino de, perdón por la palabra, tener mucho huevos para asumir la responsabilidad de las decisiones que se tomen por nosotros y por ende de los millones de dólares que se podrían ganar o perder. Tanto Tim Brown como Tom Peters hablan de diseñadores que son geniales y saben de negocios y de esos no hay muchos porque la mayoría estamos pensando que el diseño es una cosa y el negocio otra y no tenemos ni la más remota idea de lo que es el mundo del dinero y si bien, con justa razón, descalificamos todo eso en pro del mismo diseño, del ser humano, la sustentabilidad y la justicia social, ya sea bajo la bandera del arte, la academia o la institución benéfica, es un hecho que el mundo con dinero se mueve y que gracias a eso, podemos comprar autos, tener Ipads, viajar a Australia, criar hijos, tener trabajos y disfrutar de excelentes vinos.

Para cerrar entonces quiero hacer énfasis que seamos o no diseñadores es necesario aceptar dos cosas para evolucionar a una nueva etapa de pensamiento: La primera, que no tenemos siempre la razón y por ende podemos estar equivocados y la segunda, que es precisamente cuando estamos frente a un problema (aparentemente) sin solución que estamos frente a la oportunidad de avanzar soportando el sufrimiento y si queremos verlo así podemos quedarnos donde estamos resignados ante la no posibilidad para echarle la culpa a quien se deje en vez de aceptar que llegamos al límite de nuestra misma incompetencia.

miércoles, 26 de octubre de 2011

“Los seres humanos son animales que enjuician” Nietzsche.

Se puede iniciar el día feliz o acongojado dependiendo si soñamos o tuvimos una pesadilla o puede ser que en lugar del sueño a uno le pregunten por el resultado del dormir con un ¿cómo amaneciste?, o ¿cómo dormiste?, cuando en su caso tenemos la fortuna o la desdicha de dormir bien o mal acompañados. El ¿cómo amaneciste? se corrobora con el espejo, que es la herramienta más fiel del juicio personal y que es como una ventana que te rebota. Las otras ventanas las que no rebotan y dejan irse a tu mirada también sirven para otros juicios que son independientes al de tener un buen o mal paisaje. A “la ventana” le preguntamos algo que debería de ser para “el día” cuando nos acercamos preguntando ¿Cómo va a estar el día?, ¿estará bonito o feo? Dependiendo si nos gusta lo frio o lo cálido, o lo despejado o lo nublado.  “El día”, independiente de “la ventana” también cargara con los juicios de “El futuro” que es el juicio temido por todos y que se construye en base a los  “días pesados” o “días complicados” que es cuando vienen y a “días malos” o “días buenos” que es cuando ya que pasaron. Después del juicio a nuestra persona y al día, viene la concepción de la combinación correcta de tu vestimenta y la cual debe de responder  a los juicios mencionados antes pero sumado a otros más sutiles o desglosados de la calidad del día, como son a quien verás y a donde iras, que por supuesto puede ser bueno o malo también ya que las personas que juzgas negativamente son como cuando comes comida en mal estado, “te caen mal”. Ni el trafico, ni el desayuno, ni la canción, ni el jefe, ni la planta, ni el café de máquina, ni el mail, ni el policía, ni el pavimento se salvan de nuestros juicios y jornada, día, semana, mes, año y décadas, se nos van en el proceso de definir lo que está bien y lo que está mal, lo que nos gusta y lo que no. Esta definición se da en una combinación de juicios chiquitos que hacen unos más grandes, que se suman a otros aún más grandes para concluir en suma si tuvimos una buena semana, un buen año, o una buena vida. Irónicamente no seremos nosotros los que haremos ese juicio final y de los que lo hagan y se queden para juzgar nuestra vida, que es lo que aparentemente importa, habrá quien nos califique de buenos y quien nos califique de malos y otros que ni les irán ni les vendrá.
Lo interesante de esto es que no hablamos de verdades. Nadie sabe si el frio es mejor que el calor, ni si insurgentes es mejor que revolución, o si los gatos mejor que los perros porque a fin de cuentas todo se basa en lo que cada uno quiere o cree que quiere para después defenderlo como “la verdad” y la verdad es que “la verdad” no existe, (lo que hace que esta frase en realidad no exista tampoco). Una cosa son los hechos y otra los juicios que emitimos de los hechos. El hecho es que hace 10°C de temperatura, y el que haga frio o calor depende del juicio de cada uno, de su piel, de su origen o de su ropa y el problema básico es que discutimos por defender si hace frio o no en lugar de observar el hecho y observarnos en él. Estamos más enfocados en defender la verdad y en tener la razón que en entender los problemas y eso es la raíz de la gran mayoría de los problemas. Rafael Echeverría en su libro La ontología del lenguaje dice; “El juicio es la razón de todo el sufrimiento humano” y es de este libro de donde saque los conceptos que a continuación comparto.

Contrario a profesiones como la ingeniería, la contabilidad o las finanzas, la profesión del diseño es una profesión totalmente sustentada en los juicios tanto del propio diseñador como de terceros, o sea los clientes. El aspecto que determina esta subjetividad es básicamente el manejo de la belleza como un atributo característico del diseño, sin embargo los otros atributos como la funcionalidad y la factibilidad de manufactura no son subjetivos, pero esta distinción muchas veces no se hace y por ende se perciben con la misma incertidumbre que la belleza. Primero es importante entender que los juicios viven dentro de las personas y no son cosas que andan afuera como lo son los metros, los kilos, las sumas y la calidad. Los juicios solo salen por las bocas y son tan solo una opinión  de quien los emite y depende del receptor si le da la autoridad para creerlo o no, y ese es el segundo punto importante. Yo decido sí valido el juicio que se emite o no, independientemente de la razón que tiene el emisor para generarlo. Cuando mostramos un diseño, nosotros esperamos que este sea juzgado con los estándares con que nosotros lo concebimos, este es el punto tres, y por ende esperamos que la gente reacciones como nosotros reaccionamos, por ejemplo, que sea único, original y contemporáneo. Pero de igual manera el que lo está observando, si es un ingeniero, estará pensando si se puede hacer o o si funciona correctamente. Un juicio viene del pasado y se proyecta hacia el futuro, por lo que si nosotros no compartimos todo el origen de la idea y no compartimos y escuchamos los pasados de nuestros receptores, es muy probable que la idea no sea juzgada correctamente. Si yo estoy mostrando mi proyecto en la fase inicial, digamos a nivel boceto y no especifico que estas fases son para entender la parte estética o de empatía y el receptor, digamos cliente administrador o ingeniero, toma sus juicios del pasado y aplica solo estándares de costos o factibilidad pues lo más probable es que diga, no me gusta tu diseño porque en realidad en lo que él está pensando es que en el futuro eso no se podrá hacer o no funcionara, lo que no tiene nada que ver con el hecho si le gusta o no. En resumen los juicios:

1.-Viven en las personas que los emiten, no son hechos ni realidades.
2.-Requieren de autoridad para ser validados, no a cualquiera le doy la autoridad para juzgarme.
3.-Requieren de estándar de comparación y de un contexto específico.
4.-Siempre vienen del pasado y se proyectan hacia un futuro.

En toda conversación de diseño relacionada con la subjetividad del juicio de la estética del objeto debemos de tener respeto sobre la percepción de cada receptor dotando al mismo del contexto adecuado de nuestra intención. El mal juicio de nuestro diseño, no es un juicio de nuestra persona. Desconecta esta relación e indaga sobre el futuro que tu diseño proyecta sobre los emisores y es en este temor donde encontraras las oportunidades de mejora. Eso siempre funciona mejor que solo decir, “este cuate no tiene idea de lo que es el diseño”.

domingo, 9 de octubre de 2011

En la vida, el secreto está en el ritmo #SERdiseñador

Estuve estos últimos días revisando toda mi historia en “tweets” para recopilar todos los #SERdisenador que mande desde que se me ocurrió ese “#tag” por ahí de principios del 2010 y me sucedió que varios de mis “tweets” ya no los entendí por no recordar el contexto específico en el que los puse y de esos, que ya no entendí hubo uno que llamo mi atención y que escribí por ahí de julio del año pasado, que es cuando renuncié al Tec y volví por unos meses a las filas del emprendimiento que en mi caso no era tanto pues a donde volví ya lo tenía bastante emprendido. El caso es que me encontré un “tweet” que decía, “En esta vida el secreto está en el ritmo”, que como comenté no sé porque lo puse, pero ahora me volvió a hacer mucho sentido porque estos últimos meses en los que he venido coordinando un equipo de diseño de quince personas y en donde cada proyecto tiene medio centenar de involucrados directos entre vicepresidentes, desarrolladores de productos, mercadologos, ingenieros de diseño, tecnología y manufactura personal de adquisiciones y gente de finanzas he necesitado generar un ritmo que permita al proceso de diseño tener un mejor fluir, ante el sinnúmero de  tropiezos que implica cubrir las expectativas de tanta gente.

Cuando hablamos de ritmo pareciera que uno se refiere a la música o el baile, o ya más entrados en gastos,  a la manera de concebir o no concebir hijos, pero en realidad el ritmo esta en todo lo que hacemos. El ritmo es esa coordinación que requiere la vida para fluir y no andar jaloneándose como cuando sacas “el clutch” antes de tiempo.  El ritmo existe cuando una cosa con otras más deben de interrelacionarse de una manera coordinada para que coexistan de mejor manera y juntas hagan una creación conjunta. La misma naturaleza tiene su ritmo; la luna con la tierra, la tierra con el sol y el sol con los demás planetas y gracias a ese ritmo tenemos años, días y lunas llenas cada 28 días y lo más maravilloso es que el universo lo hace sin pensarlo, pues la luna no se le ve preocupada por seguirle el paso a la tierra o a la tierra tratando de coordinarse con Mercurio o con Marte. Una simulación humana de los planetas y el sistema solar son los grandes bailes del renacimiento en los que las parejas, que seguramente habían aprendido a bailar desde chiquitos, llevaban un ritmo de una manera suavecita, intuitiva y coordinada rotando a su alrededor y girando alrededor de un centro. Lo bonito con estos bailes y que afortunadamente no sucede con los planetas es que en un momento dado, que nadie dice pero todos saben, se cambiaban de pareja, así, llevando el ritmo y compartiendo con diferentes personas la música y el movimiento en un todo que formaba un bello conjunto al ritmo de las cuerdas de los violines. En el diseño, lo que nos pasa es que los diseñadores hacemos nuestros bailes después de que los de mercadotecnia hicieron el suyo y los ingenieros esperan a que terminen de bailar los diseñadores para ponerse a bailar ellos y cuando unos van a las fiestas de los otros, es para armar la bronca o andarse burlando de cómo bailan y esto no debe de ser así, pues es precisamente por esta razón que no se nos quiere invitar a sus fiestas. El diseño requiere de un ritmo común, de una misma fiesta y esta debe de incluir clientes, mercadologos e ingenieros. Contrario a lo que enseñamos en las escuelas, el proceso de diseño no es un proceso lineal en el que en un momento dado se pasa la bolita de uno a otro. Diseñar es un baile renacentista en el que empiezas a bailar con todos desde que está naciendo la idea o la necesidad hasta que sale el producto a la venta. Diseñar bien es como bailar con ritmo, con armonía y con todos los de la fiesta.
Los asistentes al baile son diseñadores, clientes, gentes de mercadotecnia e ingenieros y cada grupo a su vez es como el representante de las partes básicas o factores del diseño por tener cada uno un interés claramente ligado con su disciplina. Por ejemplo, el diseñador estará muy atento a la parte estética o como la llamo yo, de generación de empatía, la cual es bastante subjetiva, está basada en juicios personales y consiste en lograr una conexión optima con un perfil especifico de consumidor al cual le definimos sus gustos de acuerdo a como vive y lo que compra. La persona de mercadotecnia por su parte estará atenta al segundo factor el cual tiene como objetivo cumplir o rebasar las expectativas de los consumidores en cuanto al uso y la función del objeto, esto para poder hacer los “claims” que tanto les gustan como “el auto más seguro de su clase” o “el cereal más rico en fibra” o “la computadora más veloz” o “el el agua embotellada mas natural de todas”. A este segundo factor yo le llamo la confiabilidad y su característica es que, contrario al primero, este siempre es o debiera ser fácilmente medible. La parte tres o tercer factor es el que preocupa a los ingenieros y es el de la tecnología, los procesos, la producción y los costos, al cual yo llamo la materialización y su característica es que debe de ser especificable y medible, o sea que no puedes decir solo que es de lamina, o de madera, o que está pintado. Tienes que decir es de lamina de acero inoxidable calibre 20 tipo 390 acabado “Scotch brite” o es de tablero tipo MDF de ¾ de pulgada con acabado en laminado color “Yellowstone” de una sola cara, y es que si no lo pones así, pues los ingenieros se preocupan. Todos los factores representan una disciplina y todos están interconectados, y aunque cada uno tiene su momento, siempre que trabajas en resolver uno, debes de considerar la afectación que tienes en los otro dos y por ende la manera que la decisión que se toma inquieta a las demás personas. La priorización de cada factor y su interrelación con los otros dos, es lo que requiere un ritmo específico que como todo baile, tiene parte de estructura y parte de improvisación, esta ultima derivada de lo que se necesita y lo que surgió en ese momento.

El gran baile del diseño se lleva acabo así. Iniciamos los diseñadores bailando por conquistar a la empatía y a la belleza. Esta pareja es por supuesto lo que más nos gusta y queremos conquistarla, así que observamos, aprendemos, preguntamos, escuchamos e imaginamos. Trazamos, dibujamos, componemos y después de una vueltecita, nos cambiamos de pareja y bailamos con nuestra mamá, la mercadotecnia, que es quien siempre nos pide las cosas y le encanta andar presumiendo las cosas que hace su hijo en público mientras nos regaña en la casa. Le hablamos de la chica ésta con la que estaba hace un rato y le enseñamos los dibujos y los trazos y le modelamos una maquetita y le platicamos así, bonito y cantadito todo lo que nos imaginamos en el futuro con ella si estuviéramos juntos los tres. Le platicamos de sus atributos y todo los “claims” que podrá andar presumiéndole sus a sus amigas y luego, la dejamos hablar para ver que piensa y nos diga algo así como; “pues si se ve bonita, pero asegúrate de que eso qué me dices sea cierto y que en efecto se sepa comportar la chamaca, que venga de buena familia y que sea buena mujer en el hogar”, y le agradecemos, hacemos la caravana, y nos despedimos para luego bailar con los suegros y les sonreímos y les platicamos de nuestros planes con su hija y le platicamos del futuro y le proyectamos historias y le hablamos de procesos, de negocios, de costos y de esas cosas que dan certidumbre y les interesa oír a los suegros y ellos nos dice que sí, pero ponen también sus condiciones y luego volvemos con la muchacha y le preguntamos y le sugerimos y la condicionamos y la convencemos y así, ya mas formada la visto y la pinto y le tomo una foto y volvemos con nuestra mama a evaluar los cambios y con los suegros a plantear los logros y los escuchamos a todos de vuelta, que piensan, que les inquieta y ya avanzada la cosa, se las pongo bien bonita, en su contexto y toda la cosa y se las presento, así ya completita, para que la vean le den la vuelta, le pregunten y toda la cosa hasta poder, con la sugerencia y participación de ambos,  concretar el matrimonio el cual tendrá mayor posibilidad de éxito que si hubiera usado el proceso lineal en el que un día mi mama y los futuros suegros me ven bailando y seis meses después les llego con la invitación para que nos casemos mañana.
El ritmo en el diseño consiste en danzar con todas las partes, mostrando bondades y detectando conflictos y atendiendo inquietudes desde el principio. La música es la metodología que nos permite tener un ritmo con los involucrados. El nombre de la canción es los Di-Visores y pronto estaré compartiendo más información sobre esta canción que requiere mucha intuición y poco pensamiento.