jueves, 10 de octubre de 2013

“Cuanto mas progresan los comportamientos responsables, mas irresponsabilidad es necesaria” Lipovetsky.


 Recuerdo haber leído hace unos años un pequeño texto de Pablo Fernández Christlieb en el que enfatizaba la presión social sobre la “responsabilidad” y la importancia de “llegar a ser alguien” en la vida, enfatizando la pregunta de como podíamos saber si habíamos llegado o no. En el mismo texto, Pablo distinguía la gran diferencia entre querer “ser” y la ya olvidada costumbre del saber “estar”, disfrutando los momentos “solo así” con una peculiar habilidad para vivir el presente y no gastarse la vida tratando de ser. En lo personal, confieso que me la he pasado en eso del “llegar a ser”, e independientemente de saber si llegue o no, o de que ya me dan ganas de ponerme a “estar”, lo que ahora quiero hacer, mas que definir las formas del éxito, es hablar de la gran protagonista de la lucha por tratar de “ser alguien en la vida”, me refiero a la frustración.

Sueño y frustración vienen juntos y la escuela de la vida nos tiene bien armado el curso para vivirlas, ya que desde pequeños nos somete a la experiencia por medio de partidos de futbol, bolas de helado, álbumes de estampitas, exámenes finales, navidades e invitaciones a fiestas, donde siempre que uno aspiraba a algo y esto no se cumplía, pues venía la frustración bajo lo forma de “injusticia” y, tras algunos partidos perdidos o regalos inesperados siempre nos llegaba el paliativo de la frase, “lo importante es competir”, “esto no esta tan mal” o “ni valía la pena”, cuando la verdad teníamos bien claro que “eso” era algo que queríamos.

Los sueños normalmente se cotizan en “pena” y nos dicen que entre mas pena se sufra, mas vale el sueño. Sueño a costo de pena es la trampa que nos ponemos y esta trampa no es mas que un sutil juego de poder entre el destino y uno mismo y cuando éste nos ve así bien enamorados, pues nos empieza a jugar el juego del miedo y la frustración para cobrarnos la pena hasta dejarnos bien paralizados o hasta hacernos claudicar por temor a sufrir el fracaso. Entre mas me hago responsable de mi sueño, mas énfasis le pongo y mas energías gasto para su logro, mas grande considero que es mi pena y mayores son mis expectativas y por ende mas fuerte es mi miedo y será mi frustración ante el fracaso.

Ganar en un juego de poder es tener la sensación de que se tiene el dominio de algo y quien tiene el dominio es quien tiene la voluntad de elegir ante la otra parte. Por ende un juego de poder se diluye en cuanto perdemos interés ante esa voluntad, o sea que ya no me importa el amor, o el auto nuevo, o el ascenso en el trabajo. Siempre que renunciamos a un deseo, renunciamos a un juego de poder. Cuando asumimos la responsabilidad de nuestro sueño, le damos al futuro el poder y quedamos a su disposición y esa sensación es la que nos desgasta, porque quedamos totalmente supeditados a su voluntad.

Nietzsche dice, “estamos mas enamorados del deseo que del objeto del deseo”, con lo que hace énfasis en el proceso mas que en el logro, en el soñar mas que en el sueño. En la mayoría de los casos los procesos son mas ricos que los objetivos y es en ellos donde encontramos la verdadera satisfacción. Si hacemos conciencia de esto, podemos encontrar que es tan importante poner la meta como recorrer el camino, pero mas disfrutable puede ser el camino que la meta en si. O sea que si “llegar a ser alguien” es nuestro objetivo, lo que mas disfruto es “estar llegando” y puedo restar importancia al ser para enfatizar el estar, podemos restar poder al destino y por ende reducir el miedo a la frustración, al error y con eso, disfrutar a la vez mas el camino o en su caso no sufrir por el incumplimiento del logro.

En resumen, para enfrentar al sueño, tenemos que asumir la responsabilidad del mismo, y entregarnos en la totalidad al deseo de su logro y su realización, pero, como dice Lipovetsky, tenemos que crear en paralelo un mismo sentimiento de total irresponsabilidad y desapego ante el mismo, o sea, que el sueño es realmente lo que mas me importa en la vida, pero a la vez, si no se me cumple, pues realmente no hay problema porque lo que importa es el recorrido. Lo padre es que esta formula funciona con muchas cosas. Ya sea trabajo, aspiración, amor, sociedad etc. Cada vez que me topo con mi sueño agarro y le digo al destino; “Esto es la razón mas importante en mi vida y por tenerlo lo daré todo, pero si tu no quieres dármelo, realmente no importa”, y normalmente, si me lo da…

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