Seneca es muy claro en esta frase y aparentemente no se necesita mucha reflexión para entenderla, lo cual considero que es una especie de trampa pues si no le piensas y te quedas solo con la interpretación así de por encimita, en primera Seneca no sería filosofo y en segunda resultaría que la frase nos limitaría en lugar de expandir nuestras posibilidades. Por esta razón y para entrar más profundo en este blog dando un giro que nos permita ser más ambiciosos (en el sentido positivo de la palabra) en lugar de quedarnos resignados ante nuestra realidad, quisiera citar a otro filósofo (Wittgenstein) que dijo; “Lo que es pensable es posible”, lo que quiere decir que uno visualiza futuros que aunque parecieran ser realidades imposibles, siempre tienen algo de posible y es por eso que llegan a la mente dentro de un estuche de posibilidad que tiene forma de fantasía, sueño, deseo o visión, dependiendo si anda uno de romántico, cachondo o emprendedor. Por ejemplo no voy andar deseando viajar a otra galaxia o partir al mundo en dos, como podría estar pensando en dar la vuelta al mundo o ganar un concurso o querer poner un restaurant en Playa del Carmen con Penélope Cruz, pues al contrario de los primeros, los segundos son en mayor o menor medida factibles hasta cierto punto y pueden ser catalogados como fantasías, sueños, deseos o visiones. Entonces a lo que me refiero es que las realidades inquebrantables de las que habla Seneca en realidad siempre tienen algo de real pero hay factores que las impiden y eso es lo que las vuelve inquebrantables. Entonces si sabemos que el deseo en cierto punto es posible, es importante entender la naturaleza esos factores que hacen a la realidad inquebrantable y para esto quiero entrar en una distinción que aprendí en el libro de “La ontología del lenguaje” de Rafael Echeverría, a quien he citado en varias ocasiones y que habla de “los modos del habla” que, aunque son varios, yo me centraré en dos que considero importantes. Según el mismo Wittgenstein, nuestras realidades se pueden describir con palabras pero también se pueden construir con las mismas. Rafael Echeverría dice que el primer modo del habla es cuando la palabra es constituida por el mundo y eso me determina una realidad. O sea que la palabra describe una circunstancia que es un hecho y con esto decimos que es el mundo el que construye a la palabra y se le llama “Afirmación”. Por ejemplo la descripción de que sea de día o de noche, que tengamos cierta edad o que seamos hombres o mujeres son hechos de facto que describen nuestra realidad y circunstancia. La segunda forma del habla, es cuando la palabra construye al mundo y esta viene de personas que tienen cierta autoridad en nuestra realidad y que con sus palabras construyen o destruyen nuestras posibilidades. Por ejemplo si un día mi jefe dice “estas despedido”, estas dos simples palabras cambiarán mi vida. Hay muchas declaraciones que nos abren y cierran caminos, siendo las más simples el “Si” o el “No”. Las declaraciones son interesantes porque permiten modificar realidades. Por ejemplo pasar de “estar soltero” a “estar casado” o de estar “libre” a estar “preso” viene tan solo de un “acepto” o de un “culpable” y si quisiéramos regresar necesitaríamos que ciertas autoridades declararan “Se acabo” o “eres libre”. Regresando a Seneca, si entendemos que mi deseo es posible porque es pensable y que la “inquebrantabilidad” de la realidad puede ser detectada y modificada dependiendo si ésta se deriva de una afirmación o una declaración, ya tenemos la frase en cuestión mucho mas desmenuzada como para poder movernos a la ambición en vez de quedarnos en la resignación y con esto quiero decir que las realidades inquebrantables sí pueden quebrarse en algún punto y la frustración podría ser entonces superada.
Para ejemplificar y entrar en nuestro tema quiero tomar la realidad del diseño industrial en México, la cual en mis 20 años de diseño ha ido evolucionando, pero si preguntamos a cualquier diseñador, es un hecho que tenemos aún mucho por hacer. Aunque el tema del diseño se ha ido esparciendo por el mundo latinoamericano, americano, asiático y hasta africano, poco ha faltado para que Europa o Italia en específico pelearan por hacer de él una especie de “denominación de origen”. Basta ponerle a cualquier objeto el atributo de “diseño italiano” para que adquiera otra dimensión y con esto basta decir la reacción de cualquier empresario cuando uno le dice “estudié diseño en Italia”. No quiero entrar en detalle si eso está bien o mal ni mucho menos desmeritar la educación del diseño en México (de la cual fui varios años protagonista) pero hablar de diseño en México a veces lo siento como si un japonés llegara a decirme que es un Mariachi profesional y repito, no es con intención de hacernos menos, solo quiero enfatizar una cuestión de historia y cultura en la que declarar “diseño italiano” o “diseño europeo” pareciera tener mucho más peso que decir “diseño mexicano”. Y podría decir que es culpa de los empresarios aceptar esas declaraciones como validas, pero la verdad es que somos nosotros los diseñadores los primeros en aceptarlas y dejarnos llevar por ellas. Así como hace 500 años los españoles nos conquistaban con espejitos, siento que actualmente nos siguen vendiendo el ideal del diseño con el mismo brillo y los espejitos ahora son grandes eventos como el “100% Design” de Londres o el “Salone Satellite” de la Feria del Mueble de Milán, que no digo que no sean extraordinarios, pero que si se toman como un “Benchmark” resulta bastante ambicioso y peligroso cuando se toma como sistema para replicar aquí. Si hago la suposición que muchos diseñadores soñamos o hemos soñado en poder pertenecer a esos sistemas, puedo suponer también que los sueños pueden ser de dos tipos; el primero, poder vivir allá y formar parte de ese circo y el segundo, poder vivir y ejercer aquí con un circo parecido. El ejemplo primero, podría ser más sencillo pues consiste en encontrar la forma de mover el cuerpecito para Europa y ahí ponerse a romper juicios y declaraciones para poder pertenecer al circo y tal vez la realidad a quebrantar sea ser Mexicano, o no tener los contactos suficientes, o el dinero o el talento, pero en general es posible y he de decir que conozco varios ejemplos de diseñadores que lo han intentado, unos con éxito total, otros con más éxito declarado que real (o sea más ruido que nueces) y otros que han regresado sin haber podido quebrantar su realidad o se han desilusionado de los espejitos cuando los tuvieron en la mano y es por eso que ahora están en México quebrantando otras realidades. El segundo ejemplo, que consiste en las ganas de poder replicar los modelos de exposición y manejo del diseño europeo en México lo encontramos en varios lanzamientos de productos y en la organización de eventos y exposiciones que emulan los modelos europeos pero a escala. De este tipo afortunadamente tenemos cada vez más y su éxito es muy bueno si consideramos la perspectiva de la forma pero no tan buenos si consideramos la perspectiva del fondo pues difícilmente cumplen con las expectativas o estándares económicos con las que cuentan dichos eventos en Europa. Nuestra realidad inquebrantable mexicana tiene hoy muchas afirmaciones que analizar, la más importante (dejando política, educación y seguridad afuera) el hecho de que solo el 2% de la población gana más de 50,000 pesos, y el 50% de la población gana menos 10,000, habiendo cerca de un 20% que vive con menos de $3000 pesos mensuales. Podría también sacar un cálculo de cuantas personas de ese 2% o ese 50% tiene una cultura de diseño o cuantas patentes generamos al año o que tan competentes somos en nuevas tecnologías o que tanto ven las empresas al diseño como una posibilidad mejor que la maquila y así para seguir haciendo la realidad todavía más inquebrantable pero no es la intención de este post ni la solución del problema. Nuestra colisión con la realidad no está en estos números sino en el “Benchmark” o el parámetro de comparación que estamos tomando y que nos ha llevado a hacer un mundo de diseño aislado donde los concursos de diseño solo los vemos los diseñadores y a las exposiciones solo invitamos diseñadores con productos que publican revistas de diseño y que también las compramos los diseñadores para ver que salimos en ellas y saber que nos vieron los demás diseñadores aunque no hayamos vendido uno solo de esos productos o peor, lo vendamos sin ganar nada. Quiero dejar el post hasta aquí para no caer en la trampa de dar soluciones aparentemente obvias a los problemas o ponerme a hacer crítica de lo existente y quiero aclarar que si llego a criticar algo es porque lo he hecho, vivido y creído, lo que viene a ser entonces una crítica a mí mismo. En México estamos haciendo un buen trabajo para quebrantar realidades, pero estoy seguro que si analizamos las afirmaciones de una manera que podamos sacar provecho de ellas, tomamos los parámetros más como informativos que como referentes e involucramos a las personas que tienen autoridad a nuestro alrededor para concebir estrategias más adecuadas que nos permitan modificar nuestras circunstancia, más pronto que temprano estaremos viendo mas diseñadores postrados en la ambición de tener un país mejor y menos frustrados por no lograr emular y lograr obtener fruto de modelos que no tienen referencia con nuestra realidad.
La filosofía es ese poder nadar cuando nos estamos ahogando en la realidad que hemos caido. Diseñosofía es un blog para la reflexión y la búsqueda de respuestas a la peculiar situación del diseñador actual.
domingo, 20 de noviembre de 2011
domingo, 13 de noviembre de 2011
El movimiento del pensamiento se genera por contradicciones, nos hace avanzar lo que nos desmiente. Por ende, todo avance se produce mediante el conflicto. Hegel
Llevo una par de semanas atorado con este post y el problema es que esta frase me gusta porque es la base de muchas cosas como el aprendizaje, el trabajo y en si la evolución del pensamiento como así lo comenta Hegel y al servir para tanto, pues no se qué cosa es específicamente la que quiero comunicar. En principio podría hablar de la contradicción y el conflicto, que de entrada son palabras de esas que uno no quiere pues ambas son familiares de los problemas y los problemas tampoco son de nuestras cosas preferidas y precisamente lo que dice la frase es que es gracias a esto que avanzamos aunque lo estemos sufriendo y si estuviéramos consientes que para avanzar hay que sufrir, pues igual y con suerte lo sufriríamos menos y no estaríamos con la expectativa eterna de querer la estabilidad en la vida.
También podría hacer referencia al tema del Diseño el cual lo relaciono con el hecho de que normalmente terminamos una propuesta partiendo de la base que lo que hicimos “está bien” y no que “podría estar mal” y esta diferencia es la que puede hacer que el “desmentir” o sea el que veamos que si “tiene problemas” se sufra en vez de agradecerse. Con esto quiero decir que si en vez de pararnos frente al profesor o al cliente a hablar maravillas de nuestro diseño tratando de ocultar su defecto nos paráramos a hablar de lo que el mismo diseño o prototipo nos hace ver como problemas o a escuchar los que otros ven como problemas así calladitos y no tratando de argumentar cada cosa que nos dicen sabiendo que gracias a eso que no estábamos viendo tendremos un producto mejor desarrollado (que es para lo que debe de servir un modelo o un prototipo cuando se presenta y no solo para presumirlo) ganaríamos mucha más confianza con los clientes y repito, sufriríamos menos.
Otra posibilidad sería ponerme a desmentir nuestra profesión diciendo que no, no somos esa maravilla que nos han hecho creer que somos el Sr. Tim Brown y su “design thinking” ni que todos los CEO quieren a un diseñador a su lado solo porque así nos lo dice Tom Peters en su libro Re-Imagina ya que estar junto esos señores no es una cuestión de creatividad sino de, perdón por la palabra, tener mucho huevos para asumir la responsabilidad de las decisiones que se tomen por nosotros y por ende de los millones de dólares que se podrían ganar o perder. Tanto Tim Brown como Tom Peters hablan de diseñadores que son geniales y saben de negocios y de esos no hay muchos porque la mayoría estamos pensando que el diseño es una cosa y el negocio otra y no tenemos ni la más remota idea de lo que es el mundo del dinero y si bien, con justa razón, descalificamos todo eso en pro del mismo diseño, del ser humano, la sustentabilidad y la justicia social, ya sea bajo la bandera del arte, la academia o la institución benéfica, es un hecho que el mundo con dinero se mueve y que gracias a eso, podemos comprar autos, tener Ipads, viajar a Australia, criar hijos, tener trabajos y disfrutar de excelentes vinos.
Para cerrar entonces quiero hacer énfasis que seamos o no diseñadores es necesario aceptar dos cosas para evolucionar a una nueva etapa de pensamiento: La primera, que no tenemos siempre la razón y por ende podemos estar equivocados y la segunda, que es precisamente cuando estamos frente a un problema (aparentemente) sin solución que estamos frente a la oportunidad de avanzar soportando el sufrimiento y si queremos verlo así podemos quedarnos donde estamos resignados ante la no posibilidad para echarle la culpa a quien se deje en vez de aceptar que llegamos al límite de nuestra misma incompetencia.
miércoles, 26 de octubre de 2011
“Los seres humanos son animales que enjuician” Nietzsche.
Se puede iniciar el día feliz o acongojado dependiendo si soñamos o tuvimos una pesadilla o puede ser que en lugar del sueño a uno le pregunten por el resultado del dormir con un ¿cómo amaneciste?, o ¿cómo dormiste?, cuando en su caso tenemos la fortuna o la desdicha de dormir bien o mal acompañados. El ¿cómo amaneciste? se corrobora con el espejo, que es la herramienta más fiel del juicio personal y que es como una ventana que te rebota. Las otras ventanas las que no rebotan y dejan irse a tu mirada también sirven para otros juicios que son independientes al de tener un buen o mal paisaje. A “la ventana” le preguntamos algo que debería de ser para “el día” cuando nos acercamos preguntando ¿Cómo va a estar el día?, ¿estará bonito o feo? Dependiendo si nos gusta lo frio o lo cálido, o lo despejado o lo nublado. “El día”, independiente de “la ventana” también cargara con los juicios de “El futuro” que es el juicio temido por todos y que se construye en base a los “días pesados” o “días complicados” que es cuando vienen y a “días malos” o “días buenos” que es cuando ya que pasaron. Después del juicio a nuestra persona y al día, viene la concepción de la combinación correcta de tu vestimenta y la cual debe de responder a los juicios mencionados antes pero sumado a otros más sutiles o desglosados de la calidad del día, como son a quien verás y a donde iras, que por supuesto puede ser bueno o malo también ya que las personas que juzgas negativamente son como cuando comes comida en mal estado, “te caen mal”. Ni el trafico, ni el desayuno, ni la canción, ni el jefe, ni la planta, ni el café de máquina, ni el mail, ni el policía, ni el pavimento se salvan de nuestros juicios y jornada, día, semana, mes, año y décadas, se nos van en el proceso de definir lo que está bien y lo que está mal, lo que nos gusta y lo que no. Esta definición se da en una combinación de juicios chiquitos que hacen unos más grandes, que se suman a otros aún más grandes para concluir en suma si tuvimos una buena semana, un buen año, o una buena vida. Irónicamente no seremos nosotros los que haremos ese juicio final y de los que lo hagan y se queden para juzgar nuestra vida, que es lo que aparentemente importa, habrá quien nos califique de buenos y quien nos califique de malos y otros que ni les irán ni les vendrá.
Lo interesante de esto es que no hablamos de verdades. Nadie sabe si el frio es mejor que el calor, ni si insurgentes es mejor que revolución, o si los gatos mejor que los perros porque a fin de cuentas todo se basa en lo que cada uno quiere o cree que quiere para después defenderlo como “la verdad” y la verdad es que “la verdad” no existe, (lo que hace que esta frase en realidad no exista tampoco). Una cosa son los hechos y otra los juicios que emitimos de los hechos. El hecho es que hace 10°C de temperatura, y el que haga frio o calor depende del juicio de cada uno, de su piel, de su origen o de su ropa y el problema básico es que discutimos por defender si hace frio o no en lugar de observar el hecho y observarnos en él. Estamos más enfocados en defender la verdad y en tener la razón que en entender los problemas y eso es la raíz de la gran mayoría de los problemas. Rafael Echeverría en su libro La ontología del lenguaje dice; “El juicio es la razón de todo el sufrimiento humano” y es de este libro de donde saque los conceptos que a continuación comparto.
Contrario a profesiones como la ingeniería, la contabilidad o las finanzas, la profesión del diseño es una profesión totalmente sustentada en los juicios tanto del propio diseñador como de terceros, o sea los clientes. El aspecto que determina esta subjetividad es básicamente el manejo de la belleza como un atributo característico del diseño, sin embargo los otros atributos como la funcionalidad y la factibilidad de manufactura no son subjetivos, pero esta distinción muchas veces no se hace y por ende se perciben con la misma incertidumbre que la belleza. Primero es importante entender que los juicios viven dentro de las personas y no son cosas que andan afuera como lo son los metros, los kilos, las sumas y la calidad. Los juicios solo salen por las bocas y son tan solo una opinión de quien los emite y depende del receptor si le da la autoridad para creerlo o no, y ese es el segundo punto importante. Yo decido sí valido el juicio que se emite o no, independientemente de la razón que tiene el emisor para generarlo. Cuando mostramos un diseño, nosotros esperamos que este sea juzgado con los estándares con que nosotros lo concebimos, este es el punto tres, y por ende esperamos que la gente reacciones como nosotros reaccionamos, por ejemplo, que sea único, original y contemporáneo. Pero de igual manera el que lo está observando, si es un ingeniero, estará pensando si se puede hacer o o si funciona correctamente. Un juicio viene del pasado y se proyecta hacia el futuro, por lo que si nosotros no compartimos todo el origen de la idea y no compartimos y escuchamos los pasados de nuestros receptores, es muy probable que la idea no sea juzgada correctamente. Si yo estoy mostrando mi proyecto en la fase inicial, digamos a nivel boceto y no especifico que estas fases son para entender la parte estética o de empatía y el receptor, digamos cliente administrador o ingeniero, toma sus juicios del pasado y aplica solo estándares de costos o factibilidad pues lo más probable es que diga, no me gusta tu diseño porque en realidad en lo que él está pensando es que en el futuro eso no se podrá hacer o no funcionara, lo que no tiene nada que ver con el hecho si le gusta o no. En resumen los juicios:
1.-Viven en las personas que los emiten, no son hechos ni realidades.
2.-Requieren de autoridad para ser validados, no a cualquiera le doy la autoridad para juzgarme.
3.-Requieren de estándar de comparación y de un contexto específico.
4.-Siempre vienen del pasado y se proyectan hacia un futuro.
En toda conversación de diseño relacionada con la subjetividad del juicio de la estética del objeto debemos de tener respeto sobre la percepción de cada receptor dotando al mismo del contexto adecuado de nuestra intención. El mal juicio de nuestro diseño, no es un juicio de nuestra persona. Desconecta esta relación e indaga sobre el futuro que tu diseño proyecta sobre los emisores y es en este temor donde encontraras las oportunidades de mejora. Eso siempre funciona mejor que solo decir, “este cuate no tiene idea de lo que es el diseño”.
domingo, 9 de octubre de 2011
En la vida, el secreto está en el ritmo #SERdiseñador
Estuve estos últimos días revisando toda mi historia en “tweets” para recopilar todos los #SERdisenador que mande desde que se me ocurrió ese “#tag” por ahí de principios del 2010 y me sucedió que varios de mis “tweets” ya no los entendí por no recordar el contexto específico en el que los puse y de esos, que ya no entendí hubo uno que llamo mi atención y que escribí por ahí de julio del año pasado, que es cuando renuncié al Tec y volví por unos meses a las filas del emprendimiento que en mi caso no era tanto pues a donde volví ya lo tenía bastante emprendido. El caso es que me encontré un “tweet” que decía, “En esta vida el secreto está en el ritmo”, que como comenté no sé porque lo puse, pero ahora me volvió a hacer mucho sentido porque estos últimos meses en los que he venido coordinando un equipo de diseño de quince personas y en donde cada proyecto tiene medio centenar de involucrados directos entre vicepresidentes, desarrolladores de productos, mercadologos, ingenieros de diseño, tecnología y manufactura personal de adquisiciones y gente de finanzas he necesitado generar un ritmo que permita al proceso de diseño tener un mejor fluir, ante el sinnúmero de tropiezos que implica cubrir las expectativas de tanta gente.
Cuando hablamos de ritmo pareciera que uno se refiere a la música o el baile, o ya más entrados en gastos, a la manera de concebir o no concebir hijos, pero en realidad el ritmo esta en todo lo que hacemos. El ritmo es esa coordinación que requiere la vida para fluir y no andar jaloneándose como cuando sacas “el clutch” antes de tiempo. El ritmo existe cuando una cosa con otras más deben de interrelacionarse de una manera coordinada para que coexistan de mejor manera y juntas hagan una creación conjunta. La misma naturaleza tiene su ritmo; la luna con la tierra, la tierra con el sol y el sol con los demás planetas y gracias a ese ritmo tenemos años, días y lunas llenas cada 28 días y lo más maravilloso es que el universo lo hace sin pensarlo, pues la luna no se le ve preocupada por seguirle el paso a la tierra o a la tierra tratando de coordinarse con Mercurio o con Marte. Una simulación humana de los planetas y el sistema solar son los grandes bailes del renacimiento en los que las parejas, que seguramente habían aprendido a bailar desde chiquitos, llevaban un ritmo de una manera suavecita, intuitiva y coordinada rotando a su alrededor y girando alrededor de un centro. Lo bonito con estos bailes y que afortunadamente no sucede con los planetas es que en un momento dado, que nadie dice pero todos saben, se cambiaban de pareja, así, llevando el ritmo y compartiendo con diferentes personas la música y el movimiento en un todo que formaba un bello conjunto al ritmo de las cuerdas de los violines. En el diseño, lo que nos pasa es que los diseñadores hacemos nuestros bailes después de que los de mercadotecnia hicieron el suyo y los ingenieros esperan a que terminen de bailar los diseñadores para ponerse a bailar ellos y cuando unos van a las fiestas de los otros, es para armar la bronca o andarse burlando de cómo bailan y esto no debe de ser así, pues es precisamente por esta razón que no se nos quiere invitar a sus fiestas. El diseño requiere de un ritmo común, de una misma fiesta y esta debe de incluir clientes, mercadologos e ingenieros. Contrario a lo que enseñamos en las escuelas, el proceso de diseño no es un proceso lineal en el que en un momento dado se pasa la bolita de uno a otro. Diseñar es un baile renacentista en el que empiezas a bailar con todos desde que está naciendo la idea o la necesidad hasta que sale el producto a la venta. Diseñar bien es como bailar con ritmo, con armonía y con todos los de la fiesta.
Los asistentes al baile son diseñadores, clientes, gentes de mercadotecnia e ingenieros y cada grupo a su vez es como el representante de las partes básicas o factores del diseño por tener cada uno un interés claramente ligado con su disciplina. Por ejemplo, el diseñador estará muy atento a la parte estética o como la llamo yo, de generación de empatía, la cual es bastante subjetiva, está basada en juicios personales y consiste en lograr una conexión optima con un perfil especifico de consumidor al cual le definimos sus gustos de acuerdo a como vive y lo que compra. La persona de mercadotecnia por su parte estará atenta al segundo factor el cual tiene como objetivo cumplir o rebasar las expectativas de los consumidores en cuanto al uso y la función del objeto, esto para poder hacer los “claims” que tanto les gustan como “el auto más seguro de su clase” o “el cereal más rico en fibra” o “la computadora más veloz” o “el el agua embotellada mas natural de todas”. A este segundo factor yo le llamo la confiabilidad y su característica es que, contrario al primero, este siempre es o debiera ser fácilmente medible. La parte tres o tercer factor es el que preocupa a los ingenieros y es el de la tecnología, los procesos, la producción y los costos, al cual yo llamo la materialización y su característica es que debe de ser especificable y medible, o sea que no puedes decir solo que es de lamina, o de madera, o que está pintado. Tienes que decir es de lamina de acero inoxidable calibre 20 tipo 390 acabado “Scotch brite” o es de tablero tipo MDF de ¾ de pulgada con acabado en laminado color “Yellowstone” de una sola cara, y es que si no lo pones así, pues los ingenieros se preocupan. Todos los factores representan una disciplina y todos están interconectados, y aunque cada uno tiene su momento, siempre que trabajas en resolver uno, debes de considerar la afectación que tienes en los otro dos y por ende la manera que la decisión que se toma inquieta a las demás personas. La priorización de cada factor y su interrelación con los otros dos, es lo que requiere un ritmo específico que como todo baile, tiene parte de estructura y parte de improvisación, esta ultima derivada de lo que se necesita y lo que surgió en ese momento.
El gran baile del diseño se lleva acabo así. Iniciamos los diseñadores bailando por conquistar a la empatía y a la belleza. Esta pareja es por supuesto lo que más nos gusta y queremos conquistarla, así que observamos, aprendemos, preguntamos, escuchamos e imaginamos. Trazamos, dibujamos, componemos y después de una vueltecita, nos cambiamos de pareja y bailamos con nuestra mamá, la mercadotecnia, que es quien siempre nos pide las cosas y le encanta andar presumiendo las cosas que hace su hijo en público mientras nos regaña en la casa. Le hablamos de la chica ésta con la que estaba hace un rato y le enseñamos los dibujos y los trazos y le modelamos una maquetita y le platicamos así, bonito y cantadito todo lo que nos imaginamos en el futuro con ella si estuviéramos juntos los tres. Le platicamos de sus atributos y todo los “claims” que podrá andar presumiéndole sus a sus amigas y luego, la dejamos hablar para ver que piensa y nos diga algo así como; “pues si se ve bonita, pero asegúrate de que eso qué me dices sea cierto y que en efecto se sepa comportar la chamaca, que venga de buena familia y que sea buena mujer en el hogar”, y le agradecemos, hacemos la caravana, y nos despedimos para luego bailar con los suegros y les sonreímos y les platicamos de nuestros planes con su hija y le platicamos del futuro y le proyectamos historias y le hablamos de procesos, de negocios, de costos y de esas cosas que dan certidumbre y les interesa oír a los suegros y ellos nos dice que sí, pero ponen también sus condiciones y luego volvemos con la muchacha y le preguntamos y le sugerimos y la condicionamos y la convencemos y así, ya mas formada la visto y la pinto y le tomo una foto y volvemos con nuestra mama a evaluar los cambios y con los suegros a plantear los logros y los escuchamos a todos de vuelta, que piensan, que les inquieta y ya avanzada la cosa, se las pongo bien bonita, en su contexto y toda la cosa y se las presento, así ya completita, para que la vean le den la vuelta, le pregunten y toda la cosa hasta poder, con la sugerencia y participación de ambos, concretar el matrimonio el cual tendrá mayor posibilidad de éxito que si hubiera usado el proceso lineal en el que un día mi mama y los futuros suegros me ven bailando y seis meses después les llego con la invitación para que nos casemos mañana.
El ritmo en el diseño consiste en danzar con todas las partes, mostrando bondades y detectando conflictos y atendiendo inquietudes desde el principio. La música es la metodología que nos permite tener un ritmo con los involucrados. El nombre de la canción es los Di-Visores y pronto estaré compartiendo más información sobre esta canción que requiere mucha intuición y poco pensamiento.
sábado, 3 de septiembre de 2011
“El optimismo es una forma de la imprudencia” Pablo Fernandez Christlieb
Es probable que esto que voy a decir sea evidente para alguien, pero también puede ser que no, así que se los quiero decir para que se enteren o sino, para hacer una especie de confesión. Yo carezco de formación literaria y por eso escribo a puro sentimiento e intuición, bueno, e influencia, y si algo me ha influido en este blog es precisamente el autor de esta frase de quien he tomado el estilo como parte de mi identidad de palabra y si deciden leerlo, a Pablo, cosa que recomiendo mucho, encontraran la evidente similitud en la estructura, con la muy debida proporción entre su experiencia, estudio y conocimiento y el mío. Pero lo que más disfruto de él y por ende trato emular, no sé si con éxito o no, es que Pablo escribe así, como que platicando con una copa de vino en la mano y sin prisa y aunque no lo conozco personalmente y nunca he platicado con él y mucho menos nos hemos tomado una copa de vino sin prisa, puedo también decir que no solo me enseño según yo a escribir, sino que también a pensar y a reflexionar diferente, pues Pablo es capaz de convertir la trivialidad de lo cotidiano en una extraordinaria peculiaridad.
La frase que expongo en este “post” y que encontré en el último libro de Pablo titulado “Lo que se siente pensar” o “La cultura como psicología”, así viene con dos titulos, me llamo la atención por dos cosas; la primera es que en este ambiente de frustración derivado la caída de imperios, incendio de casinos y elecciones sin elección como que se siente un ambiente que pareciera fumigar cualquier intento de ver las cosas de una manera positiva y eso me hace pensar que no solo el optimista puede verse como un irresponsable sino más bien como un total estúpido e inadaptado social. La segunda cosa, que es lo que me gusta, es precisamente la relación del optimismo con el diseño, pues creo que no puede haber un buen diseñador que no sea un verdadero y autentico optimista. Cuando se habla de diseñar, es evidente que hablamos de futuro ya que si se hablara de pasado, que a veces es así, pues se hablaría de “aprender a diseñar copiando”, que es la mejor de las formas y que hasta cierto punto es lo que yo hago para escribir, y si no estamos aprendiendo de lo que hablamos es de copiar, que ya no es tan bueno y es por eso que cuando esto pasa en lugar de venir así directa la copia, pues viene disfrazada de homenaje o de influencia, dependiendo el caso, aunque también es verdad que nada viene así puro, todo lo nuevo trae un poquito del pasado. El diseño o más bien el diseñador, contrario a replicar modelos existentes y certeros probados en el pasado, que es lo que hacen las licenciaturas e ingenierías, nos dedicamos a inventar nuevos modelos o a retar a los existentes y más ahora que el diseño ha empezado a invadir los ámbitos del negocio y del servicio. El hecho es que inventar nuevos modelos es hablar de futuro y al futuro, pues no cualquiera le entra, de hecho los que sí lo hacen y están muy seguros de lo que dicen, son los que ya caen en lo brujo, prestidigitador o algo si para lo que no se estudia y los que los escuchan pues lo hacen más para tener algo en que creer que realmente para tomar decisiones porque en el fondo saben que lo que se dice no tiene garantía pero como necesitan creer en algo, pues los llaman o los van a ver. Si lo pensamos bien pocos profesionales están tan seguros de lo que pasara en el futuro como los diseñadores y así vamos por la vida muy seguros que lo que diseñaremos en un futuro será extraordinario y eso creo que pasa porque básicamente somos personajes optimistas y sobraría decir que irresponsables porque me he cansado de repetirlo en los post pasados y tal vez lo que ahora me gusto es que descubrí que se oye mucho mejor decir que somos optimistas que decir que somos irresponsables pues por esto de los juicios resulta que las personas, los hombres de negocios y las empresas se sienten más confortables si llegamos a decirles “buenos días, soy diseñador y soy un tipo optimista“ que “Buen día, acaba de contratar usted a un irresponsable” y realmente el chiste de una manera o la otra, es que estamos convencidos de lo que hacemos o en su defecto de lo que quisiéramos hacer, porque solo un optimista podría pensar que este mundo necesita una silla mas o un perchero o una lámpara o una vaso o una canasta de mimbre o un arete o un biombo o un auto o un tenedor pues estrictamente hablando ya hay mucho de todo eso, que está bien diseñado es bello, funciona y cuesta poco y también, solo un optimista puede pensar que con diseño reduciremos el calentamiento global y salvaremos a los bosques y quitaremos el hambre y ayudaremos a los artesanos indígenas y reduciremos la sed, ya que basta ver la dinámica que trae este mundito y su modelo económico para darnos cuenta de la dimensión del problema y que solitos nos estamos llevando a la autodestrucción, porque hay que decir que además de tontos (los seres humanos) somos soberbios creyendo que estamos acabando con la tierra cuando con quien estamos acabando es con nosotros mismos, pero ese es otro tema. Con esto no quiero decir que los diseñadores seamos estúpidos sino al revés, se me hace genial que pese a lo aparentemente imposible sigamos entusiasmadísimos con nuestra “chamba”, que por cierto no es lo mismo que “trabajo”. El diseñador es básicamente un optimista porque tiene la capacidad de preocuparse, o más bien dicho pre-ocuparse, o sea de ocuparse de las cosas antes que sea necesario realmente ocuparse de ellas, o sea que podemos ver las cosas e imaginar el futuro y pensar porque funcionaría o no lo que imaginamos y esto es gracias a tres cosas, la primera, que nos atrevemos a pensar en cosas diferentes, la segunda, por el pensamiento de diseño, que es holístico y abductivo, que es un pensamiento no lineal, ni centrado, ni deductivo, ni inductivo y la tercera por el proceso de diseño, que nos permite una validación constante de las propuestas y por ende una minimización del error en los proceso creativos y es precisamente esta la razón por la cual están siendo estos, el proceso y el pensamiento de diseño, tan usados y ampliamente recomendados por el distinguido señor Tom Peters. La otra razón por la que creo que somos optimistas es porque este pensamiento y este proceso nos dan la extraordinaria capacidad de creer que las cosas van a salir bien en vez de creer que las cosas van a salir mal y cuando hablo de creer me refiero al creer difícil que es el del futuro, porque le creer del pasado es fácil, pues solo se trata de buscar las evidencias, preguntar y ya, quedo asegurada o desechada la creencia.
En resumen, los diseñadores somos optimistas porque somos pre-ocupones o pre-ocupados y porque somos creyentes de que lo que haremos será bueno la empresa, la institución o el usuario y porque no, hasta para el mundo pues me han dicho que nos quedan cinco mil millones de años antes de que el sol se apague y en ese tiempo, seguro algo se nos ocurrirá hacer con diseño y ya para terminar, si quieres leer a Pablo te recomiendo leer antes “la velocidad de las bicicletas” o “la forma de los miércoles”, te aseguro que los disfrutaras porque el tipo, algo debe tener de optimista.
domingo, 21 de agosto de 2011
Diseñar es tan divertido que se nos hace presuntuoso además querer cobrar por él. #SERdiseñador
Recuerdo en mis inicios profesionales esa sensación de incomodidad que provocaba tener que tocar el tema del dinero y también recuerdo que si podía evitarlo o posponerlo era mejor. Creo que inconscientemente pensaba que al terminar de diseñar el resultado sería tan obvio, que se me pagaría lo justo, sin tener realmente claro, que era exactamente lo justo. Era como pretender que mi cliente asumiera la responsabilidad al ser para mi tan evidente el valor de mi trabajo. Sobra describir a detalle la cantidad de veces que me frustre y la cantidad de problemas que eso me trajo y si tu, que lees este “post” eres un diseñador o artista con experiencia, seguro sabes a que me refiero y si no, seguro lo estás viviendo o lo vivirás, el caso es que ponerse a trabajar sin anticipos y sin presupuestos, o terminar y no cobrar nunca porque ya no se toco el tema, fue algo cotidiano en mis inicios en el campo del diseño. Años después ya como académico asesorando a mis primeros alumnos emprendedores o como consultor subcontratando diseñadores jóvenes, me volví a encontrar de manera repetida y constante con la misma actitud, pero ahora vivida desde el otro lado y viéndome clarito reflejado de joven cuando al decirles, “pero cuanto vas a cobrar”, “cuanto quieres ganar” o “cuanto necesitas de anticipo” veía como mis palabras eran evadidas para perderse en el vacío ante la vaga y sutil respuesta de “déjalo, luego lo vemos, yo lo empiezo y ya después lo platicamos” o “no importa, luego vemos, yo no hago esto por dinero” . Y ese después nunca llegaba pero claro, la incomodidad y la frustración, sí. No puedo hablar de estadísticas, pero desde mi experiencia podría decir que tal vez uno de cada treinta se salva de dicha actitud, pocos la superamos y muchos se quedan atrapados en ella durante todo su ejercicio profesional, y es que el tema del dinero y el artista o el dinero y el diseñador pareciera tener la misma relación que tienen el sexo y la religión, el tema espina.
Hoy desde la experiencia y analizando más la situación, veo dos cuestiones importantes que me hacen entender porque nos hace sentir mal tocar el tema del dinero, porque no es precisamente no querer ganarlo, es como una cuestión de integridad o algo así y, sean o no la verdad mis reflexiones, a mí me hacen sentido y me han ayudado y eso es lo que importa. La primera cuestión, que va conectada con el tema de la educación y la historia, es el tema del significado o connotación del trabajo y es un tema también relacionado con modelos mentales. Desde niños estamos sometidos a una cantidad de juicios sobre lo que es el trabajo; “hay que trabajar para ganarse la vida”, “me parto el lomo trabajando todo el día”, “Fulanito se sacrifico trabajando para llegar a ser quien es” y “ahora te mantengo porque eres niño y tienes que jugar y aprender, pero de grande tendrás que trabajar para sobrevivir”. Y así, el caso es que ya sea por haber visto al papa de Mafalda regresar a casa hecho una piltrafa y a Guille diciendo “le mandamos todos los días un papá para que nos regresen esto” o por haber vivido una situación peculiar con nuestros padres, el modelo común es que trabajar es algo que implica obligación y sufrimiento para tener a cambio algo que normalmente es dinero y que también normalmente nunca es suficiente.
Dicho modelo mental de trabajo y obligación o sufrimiento se entiende mas si analizamos la historia y vemos que el ser humano siempre tuvo que hacer algo para sobrevivir, ya fuera de manera nómada o sedentaria, nadie podía viví solo así, quedándose quieto porque o te morías de hambre, te comía un animal o te capturaba un enemigo. Ya fuera sembrar, matar o correr, había que estar haciendo algo. Al parecer, tiempo después con todos esos que capturaron por no correr, estar dormidos o no pelear bien, se invento la figura del esclavo y entonces se pudieron quedar unos sin hacer nada y otros trabajando y sufriendo. Luego se les empezó a pagar a los atrapados, que ya para ese entonces se les había olvidado cómo era cuando eran libres y se volvieron la clase trabajadora, pero a estos, ya no les quedaba muy claro porque estaban haciendo lo que hacían y si no te queda claro eso, pues empieza el sentimiento de frustración, sacrificio y sufrimiento.
Como todo esto son conclusiones mías, llegado este momento, el de mi texto digo, me puse a buscar cual era el origen de la palabra “trabajo” para no andar solo inventándome historias de mis reflexiones y me encanto lo que encontré porque coincide totalmente con mi reflexión. El origen de la palabra trabajo viene del latín tripaliare y esta viene de tripalium que quiere decir, tres palos. Y el tripalium* era en efecto un artefacto de tres palos que se le amarraba a los esclavos para azotarlos. Pero la relación de trabajo con tripalium no viene de pegar, sino de sufrir y se empezó a relacionar con cualquier actividad que produjera dolor que en un inicio era la actividad del trabajo en el campo, la cual los dejaba como “apaleados”. En inglés la relación se hace con labor, también del latín y su relación con el dolor se hace evidente en el uso de la palabra para parir un hijo, también conocida como “labor de parto”, uno de los dolores más fuertes que se viven… me han dicho.
El caso es que por algo el trabajo se llama trabajo y no diversión, porque al hacerlo se sufre, o se tiene que sufrir de alguna manera y la verdad es que el modelito mental está bien plantado pues tristemente es poco frecuente ver a la gente feliz porque tiene mucho trabajo. Trabajo y queja son directamente proporcionales aunque no tener trabajo y queja también lo son lo que hace que el modelo mental nos ponga en una especie de encrucijada porque tenemos que trabajar pero trabajar nos hace sufrir, o más bien, nos debe hacer sufrir o peor si pensamos que todo lo que hacemos en los primeros 20 años de nuestra vida es estar preparándonos para poder en un momento trabajar y si después de tantos años de preparación no lo podemos hacer porque resulta que no encontramos o no hay trabajo, pues también está mal y sufrimos. Sin embargo cuando hablamos de ser pintores, escultores o diseñadores, aunque hayamos estudiado muchos años, mucha gente no lo considera un trabajo “formal” y eso también afecta y la primera reacción cuando decimos que lo queremos estudiar, es la preocupación de nuestros padres quienes empiezan a dudar como podremos vivir de eso que más bien es como un juego o como de a mentiras y, según el modelo mental, de jugar o divertirse, no se puede vivir. Si resulta que ya eres diseñador o pintor entonces lo que te dice la gente al enterarse es; “¿Cómo? ¿y de eso vives?” y si, pues tienen razón, porque aparentemente uno no sufre con eso como sufren los abogados, los ingenieros, los lavaplatos, los taxistas o los plomeros.
Otra parte del problema es que si bien la mayoría de las personas escogen sus profesiones de médicos, arquitectos, licenciados o ingenieros porque “de eso se gana bien” o “se puede vivir”, pues los diseñadores y artistas, incluyendo a los que actúan, no es así porque nosotros lo hacemos porque nos gusta o nos apasiona y creemos que lo disfrutamos, y digo creemos porque muchas veces también terminamos bien apaleados. El caso es que somos unos seres que nos sentimos bien cuando creamos y es por eso que hacemos lo que hacemos pero si esa creación nos hizo sentir bien, aunque estemos apaleados, pues no sentimos que haya sido trabajo, porque no sufrimos o tal vez si pero es un sufrir como el del deporte, que te da satisfacción y no es como el de estar todo el día en una mina sin saber porque sufres, sino solo sabiendo que tienes que sufrir. O sea que el nuestro se trata de un sufrir de sonrisa, querido, provocado, es el sufrir rico que provoca el apasionarse por lograr algo diferente y único.
El caso ya resumiendo es que al parecer, aunque uno que otro pintaba en las cuevas, la mayoría de la humanidad empezó solo cansándose para poder vivir o para no ser atrapado. Después ese cansar se volvió un sufrir y se tenía que sufrir para vivir. Actualmente la sociedad se compone de gente que sufre y cobra por eso y muchas veces cobra para que otros no sufran haciendo lo que él hace. Todos pues andamos tratando de reducir nuestro sufrir, ya sea trabajando lo menos posible o pagando para que nos disminuyan el sufrimiento que provoca moverse, cocinar, limpiar, administrar, educar, cuidar, pintar, construir, fabricar, instalar o pasear un perro. Cada profesión erradica o disminuye un tipo de sufrimiento ya sea con medicina, leyes, taxis, desodorantes o computadoras y el cambio en el modelo consta en no querer recibir dinero porque se sufrió lo suficiente en la propia persona sino porque se redujo el sufrir en el tercero y diseñar también evita sufrir, pues con diseño podemos hacer como los de proyecto H que redujeron el sufrir de la gente al acarrear agua en África, o como Yves Behar que redujo el sufrimiento de los niños que no podían tener computadoras, o como Pirwi que con sus muebles pretenden que la tierra sufra menos calentamiento o como los de BMW que no solo te hacen no sufrir por andar moviéndote en camión o caminando sino que además te hacen gozar tremendamente tanto en el manejo como en la posesión del objeto pues además de transportarte sin sufrimiento te hacen sentir el muy muy, y eso no solo elimina el sufrimiento de una experiencia sino que la vuelve gozosa. Entonces lo importante no es si provocas gozo o reduces sufrimiento con el diseño, lo importante es que sepas que no recibes lo que recibes por sacrificarte sino porque tienes la capacidad de modificar el sentir de las personas ya sea en la erradicación o disminución del sufrir físico o mental o en la provocación del gozo y eso, seguro que se debe de cobrar.
*http://etimologias.dechile.net/?trabajo
viernes, 5 de agosto de 2011
“Se aprende a pescar pescando y se pesca más para pescar mejor” Dewey
DEWEY PARTE 2
Pareciera ser que la educación es la correcta inserción del miedo y el miedo es el principal promotor de la verdad y lo correcto que por supuesto es entre otras cosas, no equivocarse. Incubadoras, universidades, departamentos de planeación e iglesias son algunas de las organizaciones que fueron creadas para no equivocarnos siendo estas la base del deber ser de las acciones. Esto por supuesto que ha tenido beneficios en cuestión de ética, civismo y convivencia social, pero en cuestión de innovación, este miedo nos cuesta mucho más que si nos estuviéramos equivocando constantemente sobre todo cuando hacerlo es la única manera de aprender y mejorar. Se aprende haciendo y se hace mas para hacer mejor. Hacer la primera rueda cuadrada hubiera sido gravísimo si se hubiera pensado entonces que de ella dependía la conquista de Roma o el éxito de Henry Ford, pero como no era así, pues seguro hubo mucha equivocación antes de descubrir que para poder hacer rueda rodara bien, ésta tenía que tener un orificio equidistante a todos sus lados.
Cuando desde niño querías hacer algo que se salía de la normal, solo tenías dos opciones; la primera era hacerlo y esto se calificaba como “travesura” y la segunda era pedir y “convencer” a esa autoridad que te permitiría la acción o la prueba. Y “convencer” es como “vencer” pero no con fuerza ni con armas sino con hechos y argumentos. La cosa es que el vencido y el convencido se quedan siempre con el sentimiento de haber cedido, uno por la fuerza de las armas y el otro por la fuerza de la palabra o el chantaje. El primero, esperará la debilidad de la fuerza para recuperarse y el segundo, esperara por supuesto la equivocación para poder entonces demostrar que no debió de haber aceptado, que tu “estas mal” y que él “está bien” y con eso, recuperar su poder sobre ti. Bajo este esquema, es difícil hacer y aprender, porque no tenemos margen de maniobra. Es por eso que en cuestión de diseño, innovación y arte, si queremos aprender haciendo, no se debe de convencer a la gente, porque si lo haces así, siempre tendrás su energía contenida aunque hayas usado planes de negocio, estudios de mercado y financieros. En estos rubros de la subjetividad y le incertidumbre se trata de hallar la manera de que aquello que sientes y que te motiva sea transmitido para que haga sentido a los demás de la misma forma que te hace sentido y te emociona a ti, y la manera más certera de hacerlo es ejecutándolo la idea a la escala que se requiera de acuerdo a los recursos disponibles. Esta ejecución, debe ser en un estado que yo llamo de “irresponsabilidad responsable” o sea en un espacio físico y de tiempo en donde no hay presión ni penalización para el error. Esta “irresponsabilidad responsable” es una especie de clandestinidad, pues se ejecuta sin permisos ni recursos específicamente asignados ni de tiempo ni de dinero y como toda clandestinidad o resistencia, es necesario tener cómplices, los cuales asignaran sus recursos para ir sumándose al proyecto hasta que éste adquiera la madurez necesaria para entrar en batalla. Cuando hablo de madurez, me refiero a la madurez de las ideas, las cuales son como somos los seres humanos que necesitamos un periodo de madurez para asumir nuestras responsabilidades. Por ley la madurez se adquiere a los 18 años, aunque en realidad hay humanos que la adquieren a los 10 y otros muchos nunca. El caso es que de 0 a 18 años, somos por definición irresponsables y por esa razón no podemos ni manejar, ni beber, ni estar solos, ni tener relaciones sexuales. Ya después, cuando se nos fundaron bien los miedos necesarios es cuando somos maduros y podemos entonces cargar con todas las responsabilidades de un adulto. En las ideas, es lo mismo, pero en las empresas no se ve tan claro. O tal vez sí, pero como que están acostumbradas a recibir a las ideas ya más grandecitas, no bebes. Una idea es un niño recién nacido al cual no le puedo cargar de golpe todas las responsabilidades de un producto terminado o adulto. Tomar una idea y ponerle precio, meterla en piso y querer que pase la norma, es como agarrar un bebe y querer que camine, se vista, lea y se gane la vida. Las ideas, como los humanos, requieren primero del deseo de tenerse, así como la ilusión de ser papa y luego, de mucha paciencia porque también se hacen popo, te despiertan en la noche y tienen cólicos. Las ideas se conciben, se atienden, se les comprende, se les tiene paciencia y se les invierte mucho dinero, sobre todo a esa, que fue la que llego, fecundo y salió al mundo.
Si tienes una idea y necesitas permisos, apoyos, soporte, lo que tienes que hacer es ejecutarla como puedas y con el mínimo de recursos. La ejecución deberá ser en un espacio de irresponsabilidad responsable y en un acto de clandestinidad y resistencia con tus complices. Ya que la tengas ahí, aprende de ella haciendo para aprender y haciendo para hacer mejor y después, cuando ya camine, sonría y seduzca con la misma gracias de un bebe de dos años, enséñala a aquellos que te ayudarán a criarla. Diles que son los tíos, abuelos o de plano padrinos y que cuando crezca los hará felices. Esto les genera sentido porque verán un futuro en ella. Sigue el proceso de madurez, cada vez aplicando pruebas más complejas, pero siempre tratando de asegurar que la idea se comporte de manera correcta y de acuerdo a su edad hasta que vaya creciendo, la familia la quiera y se vuelva ahora sí, responsable de todos sus actos.
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