domingo, 29 de mayo de 2011

“El amor tiene razones que la razón no entiende” Blaise Pascal.

Esta frase la tengo desde hace tiempo en mi listado, y me gusta porque cuestiona ese afán nuestro de dotar de certidumbre a cualquier acto y decisión, poniendo en evidencia al amor como el ejemplo de la irracionalidad del corazón. Hubo dos cosas que me inspiraron a escribir tomando como base la frase de Pascal. La primera fue el haber terminado la lectura del libro “Los enamoramientos” de Javier Marías, que si bien el estilo me resulto un poco cansado, no lo fue así su contenido. El  autor, como se espera en una novela, pasa una parte del libro contando una historia, y otra, que es mayor, analizando la interminable variedad de pensamientos que nos invaden durante el tiempo del enamoramiento, el cual puede ser ya sea el instante de una ráfaga de perfume o la eternidad de un mes, un de año o de una vida. El enamoramiento no tiene que ver estrictamente con el amor que se siente sino con la emoción que invade nuestra mente ante la expectativa de que alguien o algo nos hiciera sentir mejor. El enamoramiento es un acto inconsciente y depende más de vulnerabilidad que de habilidad.  El enamoramiento es difícil de entender porque análisis y amor o análisis y enamoramiento, son palabras que se extinguen, que se neutralizan. Es como la creatividad y su definición, la existencia de una diluye a la otra. Los pensamientos que Javier Marías explora en el libro van desde una simple imagen o fantasía hasta el deseo de desaparecer al elemento, situación o persona que me impide ser libre con mi enamorado o enamorada, y la conexión que hago del tema con el diseño, no es el hecho de andar deseando borrar obstáculos y personas solo así, sino la capacidad de nuestra mente para construir escenarios que nos pudieran abrir posibilidades ante lo imposible. Cuando uno se enamora, cree que las cosas buenas pueden pasar aunque la mente nos diga lo contrario.
He de decir que en términos de diseño sé como enamorar a la gente usando historias que hagan sentido, imágenes, palabras y sonidos, soy capaz de sembrar inquietudes en forma de futuros que prometen posibilidades y por ende, enamoran. El diseño es un trabajo, de cortejo y seducción por medio del futuro en el que uno busca enamorar consumidores o usuarios y para lograr esto, es necesario primero enamorar a los miembros del equipo, a los pares y por supuesto a los jefes. O sea que enamorarse siempre habla de pensar en hacer cosas junto a otro. Hay quienes están muy enamorados de sí mismos, pero eso es otro tema… en general, no hay enamoramiento que no contemple mínimo a dos. El segundo evento que viví esta semana, es que logré que todos los involucrados en el primer diseño que sale bajo mi liderazgo, estuviéramos enamorados juntos y fue así como convencidos y confiados de nuestro producto nos enfrentamos al estudio de mercado, cuya intención era por supuesto, ver que tan capaz era nuestro diseño de enamorar, pero esta vez sin historias, ni perfumes, ni música, ni palabras. Solo así, como si se tratara de una foto o de una cita a ciegas sin poder hablar, lo cual, lo hace mucho más difícil.
Hacer un estudio de mercado es como querer entender al amor. La primera pregunta es clara; “¿Cuál te gusta?” Y los resultados son contundentes y eso está muy bien, porque las respuestas salen del corazón. Pero luego, empieza la confusión, pues se quiere entender las razones del corazón desmembrando al objeto del amor. Igual que si empezáramos a comparar el sueldo contra las piernas, el aliento contra la amabilidad de los suegros y las costumbres contra el color de los ojos. Los seres humanos somos resultado de un sin número de factores y tenemos unas cosas buenas y otras malas, dependiendo de quién nos juzgue. No hay un ”check-list” universal del hombre o la mujer prefecta, simplemente a la persona se le quiere o no. A fin de cuentas ante cualquier pregunta relacionada con el por qué del enamoramiento humano, en forma tal vez de “¿Por qué te piensas casar con él?” La respuesta que siempre termina la discusión es simplemente un “porque lo quiero” y lo interesante de esta analogía es que en español, a diferencia de otros idiomas “queremos” a los seres humanos pero también “queremos” tener objetos y es en esta segunda parte en donde el diseño y el enamoramiento tienen mucho que hacer para lograr el éxito en el mercado.
Es un hecho que si seguir al pie de la letra las pautas que arrojan los estudios de mercado en la etapa que yo llamo del “desmembramiento”, (que es ir evaluando parte por parte), nos dieran un diseño ganador, todo el mundo tendría productos exitosos en el mercado y no es así. Esta sería una formula demasiado fácil y obvia; “ponle las partes que cada grupo de personas prefiere” y  la razón de que esto no se logra, es porque hay decisiones opuestas y factores que se contradicen. Bob Lutz, exvicepresidente de Chrysler en su libro “The Lutz Laws” comenta que el éxito en la toma de decisiones depende en un 50% de lo racional y en un 50% de la pasión. O sea mitad de realidad y de razón y mitad de corazón y enamoramiento. En la primera mitad, la del cerebro izquierdo o racional, es donde entra el estudio de mercado (junto con muchas otras cosas medibles como los financieros). Si en la pregunta inicial del estudio, la de “¿Cual producto te gusta más?”, nuestro producto (ese del que mi equipo y yo ya estábamos enamorados y por eso lo llevamos ahí) gana, quiere decir que nuestro diseño está bien, que nuestra intuición y enamoramiento funcionó y al menos no estaremos poniendo en riesgo el dinero de nuestro cliente. Luego viene el margen de diferencia con el que gané a mi competidor y este será inversamente proporcional a la atención que deberé de prestar a la serie de “consejos” que vienen en las preguntas posteriores o  “desmembramiento”. Si mi margen es grande, ignoraré los “consejos” y seguiré aplicando mi intuición y mi pasión. Si mi margen es corto o nulo analizaré los “consejos” y determinaré cuales son factibles y me permiten mejorar el diseño y cuáles no son factibles porque su implementación atentan contra la esencia ganadora del diseño y por ende pone en riesgo el resultado de la pregunta inicial. Es muy importante entender que no todos los “consejos” se pueden aplicar y mantener la esencia que ya es ganadora.
El otro 50%, el de la pasión y el cerebro derecho, es precisamente la del enamoramiento y ese, definitivamente debe ser colectivo. Por supuesto a mayor margen de certidumbre mayor posibilidad de enamorarse, pero eso no quiere decir nada, enamorarse por haber ganado en el estudio es como amar por dinero. Un margen grande, me puede dar el peligro de sentirme confiado y el abandono de la pasión. Un margen justo, me da la certidumbre del logro y me mantiene en la ambición del éxito para lograr lo extraordinario. No podemos romper esquemas y lograr lo imposible desde el terreno de lo racional. Eso solo se logra desde la pasión y el enamoramiento y entre más gente en la empresa logres enamorar, más factible será lograr el éxito rotundo e imposible. Si los números no dan, no convencen, pero creemos en lo que hacemos, tendremos que enamorar a la cabeza inquieta.  Estar enamorados juntos y contagiar cada vez mas ese amor, es la única forma que tenemos para creer en algo que no podemos entender, que es el futuro y la incertidumbre y que a nuestro pesar, es justamente donde vive el éxito anhelado.

4 comentarios:

  1. Muy interesante analogía del enamoramiento humano-humano y el enamoramiento humano-objeto.

    Como decía Mike Stott, en el diseño existe la belleza de la forma y la belleza del uso. Para mí, el verdadero enamoramiento se encuentra en la unicidad que el producto represente para el usuario tanto formalmente como en su uso.

    Pero me pregunto ¿se puede estar enamorado por tan poco tiempo como lo que dura un producto antes de que salga el nuevo modelo que lo reemplazará?

    Quizá soy un romántico del diseño chapado a la antigua pero muchos de los productos actuales están diseñados más como amor de una noche que como un amor eterno.

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    1. Me gusta tu último párrafo, que razón tienes.

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  2. Me encantó. El otro día escuché en la radio una frase que dice "el amor es infinito mientras dura" y creo que esa es la clave, hacerlo durar de alguna u otra forma, vivir enamorado y enamorando.

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  3. Hay mucha tela que cortar en este post, pero me vino a la mente un tema cultural:

    En español "mexicano" tenemos varios niveles para "amar". Puedes "estimar", pero es inferior a "querer", mientras nada supera a "amar"... dentro de ese rango puedes apreciar, adorar, enloquecer por,etc.; y en un extremo puedes adorar. En inglés "to love" tiene una connotación más amplia y general, un tema amarrado a la cultura.

    Es importante tropicalizar las herramientas, por que la pregunta "a quien amas" puede darte diferentes respuestas según el idioma en que la preguntes.

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