domingo, 24 de julio de 2011

“Aunque la verdad es siempre útil, lo útil o conveniente no siempre es verdadero” Dewey

PARTE 1
Me pregunto qué hubiera pasado si a los humanos que inventaron la rueda, descubrieron el fuego y diseñaron el arado les hubieran solicitado estudio de mercado, encuestas a usuarios potenciales, modelo de negocio, plan de negocio, inversión requerida y retorno de la inversión. Todo esto para poder dar certeza a sus inventos y que no cometieran ninguna equivocación. O, si  se habrían atrevido a seguir tratando y fallando si hubieran conocido la relación de sus inventos con el transporte, el poder, la supervivencia y los Wallmarts. Y, siendo más actuales, que hubiera pasado si Pierre Omidyar hubiera aceptado el consejo de los inversionistas de no proceder con su idea, pues según ellos, no podía existir en ese momento empresas basadas en la confianza como lo es hoy “e-bay”. Y Mark Zuckerberg, ¿habría podido inventar el facebook haciendo un plan de negocio en vez de haber sido despechado por una mujer? Hace un par de años, en mi etapa académica, pase muchas horas tratando de convencer a encargados de incubadoras de empresas de que para mis alumnos diseñadores era más fácil hacer una pequeña producción, ponerla a la venta y ver qué pasaba que tratar de hacer todo el trabajo que se les pedía para no cometer el error de hacer algo que no se vendiera. Y eso lo argumentaba porque cuando yo evaluaba la cantidad de horas y recursos de ambos trabajos, encontraba que eran similares, o incluso mayor el solicitado por la incubadora pero con la gran diferencia de que crear el producto motivaba mas al diseñador que tratar de eludir la equivocación, independientemente de que sí habría más trabajo por hacer en cuanto a calculo de precios, márgenes, retorno de inversión y todo eso. Por otro lado cuando comparo el tiempo que yo personalmente utilice desde que puse mi primera diseño de lamparita en un stand de la feria del regalo hasta el momento en que tenía cuatro tiendas, una pequeña fábrica y quince empleados, con el tiempo que se han tardado algunos de mis alumnos en incubar, me cuestiono que es mejor, notando sobre todo que ellos cada vez tienen más miedo de fallar al tener la inversión y el trabajo claramente cuantificado, mientras que yo, solo invertía lo que había ganado como resultado del trabajo anterior. Después, como diseñador-consultor tuve la fortuna de conocer cómo nacen (y mueren) los departamentos de innovación de algunas empresas. Primero alguien tiene la idea de la innovación y esto puede suceder de dos formas; si la idea viene de arriba, pues se abre el departamento como un departamento más y con las mismas verdades que rigen al resto de los departamentos. Y si la idea viene de abajo, pues esta persona o grupo de personas “convence” a los directivos para que se asignen recursos al nuevo departamento. Como es de esperar, el “convencimiento” se hace en base a promesas estructuradas de nuevo en planes de negocio y retornos de inversión, o cosas así. En ambos casos el departamento de innovación es estructurado con las mismas verdades, por decir, modelos y definiciones con los que se estructuran las demás áreas. Se pone en él a gente a cargo que se presume creativa, pero que sufre de los mismos miedos que se sufren en toda empresa y que es por supuesto, equivocarse. Y así es como se hace porque la verdad, en las empresas y fuera de ellas aparentemente no hay otra forma y el problema es que las verdades que son útiles para todos los departamentos de la empresa, no son precisamente útiles para la innovación y, lo que para el nuevo departamento es útil, pues no es precisamente verdadero para los demás. Entonces el departamento empieza y como es normal falla y se equivoca, porque así es el proceso. Cuando este busca apoyo con las otras áreas para poder seguir experimentando pero con mayor asertividad, pues nadie apoya porque ya están demasiado asustados con sus riesgos como para echarse otros encima. Con todo esto, la dirección se inquieta porque no se ven resultados sino puros riesgos y equivocaciones. Después de unos meses el departamento de innovación termina, o poniéndole el nombre de innovación a cualquier cambio o cosa que no haya hecho la competencia o buscando certidumbre en ingeniería o mercadotecnia en base a copiar soluciones y, si los números están muy rudos, el departamento se cierra mandando a cada “creativo” a su lugar de origen sea este su antigua oficina o su casa.
Hace varias semanas, en la empresa donde además de trabajar, me dedico a soñar despierto, hubo un concurso para construir carritos hechos de desperdicio y los resultados fueron bastantes interesantes dados el nivel de involucramiento e imaginación de los participantes.  El asunto es que posteriormente, unas 3 o 4 semanas después, tuve una entrevista con el presidente de la empresa por un tema ajeno a dicha carrera y en la conversación, que fue corta pero muy interesante, como lo es siempre con este tipo de personajes, surgió de su parte un comentario sobre la pasión que reflejaban dichos carritos y el porqué esa pasión no se reflejaba muchas veces en el trabajo del día con día. Me quede pensando sobre la respuesta y, aunque no pude expresarla tal cual en ese momento, llegue a una conclusión que coincide con lo que sucedió cuando se invento la rueda, se creó e-bay o se lanzó el facebook; en esos momentos a los creadores no les importaba equivocarse y no les importaba ser penalizados porque la pasión de la necesidad, de la idea o del amor, era más fuerte que el miedo. O sea que con la necesidad, el amor y el juego, la creatividad y la pasión siempre afloran. En conclusión, cualquier departamento, jefatura o dirección debe de estar a cargo de gente creativa, respetuosa, responsable, ética y trabajadora. Pero por lo que es el diseño y la innovación, estas debe de estar comandadas además por gente que sepa jugar, sea muy intuitiva, apasionada y seductora sumado además el hecho de ser capaz lanzarse al abismo con la confianza de que eventualmente serán sus verdades las que le serán útiles para volar aunque aparentemente no parecieran convenientes a los demás y si además de todo esto, provoca que sus verdades hagan que los demás también salten, pues que mejor, volar juntos les será mucho más fácil.
Continuará…

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